Eloy Anello

Eloy Anello vive para siempre con nosotros

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(c) CETT
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“Cuando un amigo se va queda un tizón encendido
que no se puede apagar ni con las aguas de un río”
(Alberto Cortés)

Eloy Anello, coordinador del proyecto del Centro Andino de Excelencia para la Capacitación de Maestros (CETT) ya no está con nosotros. Luego de luchar denodadamente con la enfermedad, y sin perder nunca la esperanza y el buen humor, nos dejó para siempre el viernes pasado. Pero esto no significa que no seguirá entre nosotros. Recordaré siempre la gentileza y sencillez con que Eloy comunicaba su verdad, personal y profesional. Siempre estuve impresionado con su compromiso con Bolivia, con la educación, con los que tenían menos oportunidades. Su porte gentil y su tono calmado no impedía que, en ocasiones, se apasionara cuando no se trabajaba con seriedad, cuando no reconocíamos la urgencia que el compromiso social exige con los niños y las niñas de las escuelas.

Los años que compartimos en el Centro Andino, en las reuniones telefónicas y cara a cara del comité ejecutivo, así como algunas de nuestras ocasionales visitas a Santa Cruz, me confirmaron de que tenía la suerte de trabajar con un gran hombre, un líder. Eloy propugnaba un liderazgo no basado en el poder sino en el ejemplo, un liderazgo moral, como él decía. Y creía que esto era algo que todos los maestros debían desarrollar, y no sólo las capacidades técnicas o pedagógicas.

Pero no sólo un gran profesional, sino esposo, padre de familia y amigo. Gracias por dejarnos compartir esa parte de tu vida, también. En tu casa siempre nos sentimos acogidos, bienvenidos. Recuerdo siempre esa anécdota que contabas sobre tu hijo chico, de aquella época en que trabajabas en Plan y eras coordinador regional. Decías que tu hijo venía y quería decirte algo mientras tú estabas ocupado en la computadora. Hasta que un día apretó el interruptor y la computadora se apagó. Y tú dijiste, “Me jor comienzo a escucharlo cuando me pide.” Y  a partir de ello te pusiste a pensar si lo que realmente querías era un trabajo que te tuviera tanto tiempo fuera de casa y en tanto viaje, o si lo que esperabas era algo para estar más cerca de tu familia.

Gracias, Eloy, por tu vida, por el legado que nos dejas. Fue un honor haberte conocido y sabemos que seguirás siempre con nosotros. En tí se cumple eso que escribió Machado:

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
(Antonio Machado)

Para los que no lo conocieron, alguno datos de la nota del Ejército de Paz.

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