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Yo blogueo, ¿y tú?

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(c) David Horsey
(c) David Horsey

!Es verdad, hay que reconocerlo! No es tal vez que esperemos ganar dinero con nuestro blog, pero esperamos que lo lean, que de vez en cuando nos envíen alguna apreciación, algún comentario. Y revisamos, con mayor o menor frecuencia, las estadísticas de visitas. Pero la verdad es que, tal como lo hacemos nosotros mismos, a veces sólo pasamos raudamente o incluso sin mirar los blogs de otros, y mucho menos tenemos tiempo para hacer comentarios. Es cierto que, alguna vez, algún post nos impresiona, nos ofrece una perspectiva nueva que no habíamos tenido, o conecta con alguna fibra interior, algún sentimiento olvidado o algún aroma recóndito (al mismo estilo de Proust) pero eso es la excepción que confirma la regla. Una aguja en un pajar. Una pepita de oro en el río. Sin embargo, tal vez sea eso lo que nos anime a seguir escribiendo. Saber que de alguna manera, en algún momento y sin saber cómo (lo mismo que la vida) podemos influir en la vida de otro, de otra, y abrirle un pedazo de cielo, animarlo a recorrer caminos nuevos, tocar una fibra interior, provocar la curiosidad, la intriga personal que dispare la creatividad, la búsqueda personal.

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La ilusión de estar siempre conectados

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(c) Tomado de http://www.dosisdiarias.com/
(c) Tomado de http://www.dosisdiarias.com/

He estado algún tiempo sin acercarme a mi blog, un poco por trabajo, un poco por otras ocupaciones en la familia. Pero no deja de gustarme la genialidad de Alberto Montt que nos sorprende cada día con temas diversos y ocurrencias que plasma en sus caricaturas. En ésta, de hace unos días, vuelve sobre este tema recurrente de estar siempre conectados y la revoluación que para algunos implica Twitter como forma de comunicar lo que estamos haciendo o lo que pensamos continuamente con sólo 140 caracteres… ¿Quién lo diría, no? ¿Y por qué no 120 o 150?

¿Jefes contentos? Ir más allá de la ilusión del management

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(c) Dilbert
(c) Dilbert

No sé, ustedes, pero a mi me gusta el humor negro de esta tira cómica sobre la oficina. El diálogo de hoy va más o menos así: -“He programado el software de mi mensajería instantánea para que le envíe preguntas aleatorias a nuestro jefe cada hora”. – “Todas son preguntas de sí y no, luego el tendrá la ilusión de que me está supervisando”.  – “¿Debo rotar los protocolos de dominio para desgastarlos uniformemente?(!!!??). – “Sí”

Ciertamente, se necesita ingenio y buena disposición para que el management no sea sólo un conjunto de formalidades que le dan al jefe la ilusión de que manda y al empleado la ilusión de que participa en las decisiones. Comunicación, al fin y al cabo, que debe ser franca, orientada a los objetivos y resultados que se quieren lograr, y ética, sobre todo…

El regalo es lo de menos

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(c) Tomado de http://musicados.blogspot.com/
(c) Tomado de http://musicados.blogspot.com/
Visitando el blog de Iñigo Barreiro, me encuentro con estas caricaturas de Faro sobre temas del hogar y la escuela. Me recordó la manera como mis hijos, sobre todo cuando eran más pequeños, se entusiasmaban tanto con el papel de regalo que a veces se olvidaban del mismo regalo que iba dentro. Sin embargo, no es una cuestión de niño. La cultura del envoltorio es tan potente que nos encontramos todo un mundo de consumidores que se dejan llevar por las presentaciones y no tanto por el producto en sí: autos, televisores, alimentos, libros. En muchos casos la caja, la tapa, la marca es lo único que cuenta… Nos encandilamos, como los niños, por lo que brilla, lo que ofrece prestigio, juventud, vida saludable, entendimiento. Puede ser lo mismo con las personas: nos quedamos en su aspecto físico, en sus títulos o cartones académicos, en la elegancia de su traje, en su forma complaciente o persuasiva de conversar o discutir. No creo que se trata de un asunto de fondo y forma. La forma también es parte de la realidad, pero no lo es todo… Y es algo que podemos enseñar a nuestro hijos desde pequeños. Ir más al fondo, no dejarse engatusar, ser críticos, esperar lo mejor. Tal vez así no se queden con el papel del regalo y tiren los verdaderos regalos que la vida nos va ofreciendo a lo largo de los años…

Cuestión de piel

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(c) Tonucci
(c) Tonucci

¿Se han puesto a pensar que la piel es la que nos separa, y al mismo tiempo, conecta con el mundo? Es a través de ella que experimentamos la belleza, la textura de la realidad, el calor y el frío, la ternura de una caricia, el abrazo y el consuelo de una mano que enjugue las lágrimas en una época oscura, la que nos devuelve el sentido de un camino ya sea pedregoso o suave como un sendero en la arena. Nos hemos acostumbrado a ver y oír, pero nos olvidamos que es a través de la piel que exprimentamos el placer o el dolor, la cercanía cálida o la distancia gélida, el viento frío de la mañana que nos anima o la pesadez de una tarde de verano, que invita a la siesta… A través de la piel también sentimos los besos de la persona amada o una mano cercana en la zozobra de las madrugadas, y es la piel la que nos dirá que los que queremos se han ido a ese lugar donde ya no se puede volver… Qué maravilla saber que hasta allí llegamos, y si bien estamos unidos siempre a otros de maneras reales y misteriosas, la piel nos dice donde termina nuestra individualidad y a partir de allí podemos salir y abrazar el mundo.

Defendamos la alegría

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(c) Bill Watterson
(c) Bill Watterson

Defendamos la alegría!!! Dejemos a los niños ser niños y dejemos que el niño que sigue viviendo en nosotros, los adultos, no pierda la imaginación, el sabor de las cosas simples y hermosas de la vida, el gusto por jugar, la ilusión y la capacidad de la transgresión….

Madre, ¿hay una sola?

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(c) Quino
(c) Quino

Saludos, mamás, abuelas, tías-que-hacen-de-mamás, esposas-mamás, etc., etc.

No me gusta mucho dar saludos por el Día de la Madre porque, en fin, siempre tiene algo de eso que se dice bien en inglés “patronazing” (¿condescendencia?, nunca sé cómo traducirlo). Pero, en fin, creo que puede ser ocasión para celebrar aquello que ustedes, mujeres, tienen más aprendido que nosotros: el cuidado de los otros, la atención de los más pequeños, los más débiles, los que comienzan la vida y los que la van terminando. Sin ese sentido de “cuidado” nuestras sociedades no podrían sostenerse, avanzar, desarrollarse. Y en una época como ésta en que parece privilegiarse la competitividad, la eficiencia a toda costa, el individualismo, los liderazgos agresivos, no es malo recordar que todos comenzamos conectados a los otros, mejor dicho a otra, por un cordón umbilical y que nuestro destino como seres humanos no está desligado de la suerte de los demás. Tal vez si no hubiésemos dejado de escuchar los latidos de este gran corazón al que estamos unidos (por algo, con sabiduría nuestros antiguos peruanos la llamaba, como hasta hoy, la “pacha mama”) no estaríamos lamentando hoy cosas como el calentamiento global, o la deforestación o la desnutrición crónica.

Mafalda tiene razón… Tenemos muchas mamás y detrás de muchos de los roles que cada una de ustedes juega, esperamos que siga latiendo fuerte, esa corriente que nos conecta al mundo y a los demás.

Hay muchas cosas que se han escrito sobre la maternidad pero nada me gusta tanto como el libro “Paula” de Isabel Allende, esta larga carta o testamento a su hija enferma. Este es uno de los pasajes más extraordinarios que comparto con ustedes en esta ocasión…

 “Los hijos condicionaron mi existencia, desde que nacieron no he vuelto a pensar en términos individuales, soy parte de un trío inseparable. En una oportunidad, hace varios años, quise darle prioridad a un amante, pero no me resultó y al final renuncié a él para volver a mi familia. Éste es un tema que debemos hablar más adelante, Paula, ya está bueno de mantenerlo en silencio. Nunca se me ocurrió que la maternidad fuera optativa, la consideraba inevitable, como las estaciones. Supe de mis embarazos antes que fueran confirmados por la ciencia, apareciste en un sueño, tal como después se me reveló tu hermano Nicolás. No he perdido esa habilidad y ahora puedo adivinar los hijos de mi nuera, soñé a mi nieto Alejandro antes que sus padres sospecharan que lo habían engendrado y sé que la criatura que nacerá en primavera será una niña y se llamará Andrea, pero Nicolás y Celia todavía no me creen y están planeando un ecosonograma y haciendo listas de nombres. En el primer sueño tenías dos años y te llamabas Paula, eras una chiquilla delgada, de pelo oscuro, grandes ojos negros y una mirada lánguida, como la de los mártires en los vitrales medievales de algunas iglesias. Vestías un abrigo y un sombrero a cuadros, parecidos al clásico atuendo de Sherlock Holmes. En los meses siguientes engordé tanto, que una mañana me agaché a ponerme los zapatos y me fui de cabeza con los pies en el aire, la sandía en la barriga había rodado hacia mi garganta desviando el centro de gravedad que nunca más regresó a su posición original porque todavía ando a tropezones en el mundo. Ese tiempo que estuviste dentro de mí fue de felicidad perfecta, no he vuelto a sentirme tan bien acompañada…”

 Brindo por ustedes, salud!!!