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Los muros nuestros de cada día

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(c) http://www.yaf.org

“De telón de acero a castillo de naipes”, titula El Comercio el artículo en el aniversario de la caída del Muro de Berlín. !!Son veinte años y parece que fue ayer!! La voluntad humana fue más fuerte que la decisión del que lo construyó.

Y seguimos construyendo muros (Gaza, frontera sur de los EE.UU., Corea) pero la voluntad humana por la libertad seguirá destruyéndolos por más altos, fuertes, o provistos de tecnología mortífera. Dios me conceda la vida de ver estos y otros muros caer…

Por los viejos tiempos

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Me encantó esta versión de la canción Auld Lang Syne en la película “Sex And The City”. Me puse a averiguar (Wikipedia) y aprendí que se trata de una canción una canción tradicional escocesa escrita por el gran poeta Robert Burns, del siglo XVII, que se escucha sobre todo en las fiestas de Año Nuevo o en las despedidas largas. “Auld Lang Syne” se traduce como “old long since”, es decir, “hace mucho tiempo”, aunque mejor se entedería como “por los viejos tiempos”.

Me acordé cuan significativa fue esta canción cuando era chico. Con la reforma educativa de los 70s, el gobierno de Velasco obligó a los extranjeros que estaban en los colegios a transferir la autoridad a peruanos. La primaria de mi colegio esta dirigida por una monjas norteamericanas. Así que, una mañana de diciembre, cantaron esta canción como despedida. No recuerdo los detalles pero la sensación de despedida inevitable se quedó grabada en mi alma. Para un niño de segundo de primaria era indecifrable por qué sus buenas profesoras tenían que partir.

Desde entonces, y por los diversos caminos que me ha llevado la vida, he tenido que asistir a muchas despedidas. Como decía un antiguo compañero, las personas tenemos pies y siempre podemos volver, si es que queremos. Pero hay algunas despedidas con sabor no de hasta luego, sino de hasta muy, muy luego. Y no sólo hablo de las despedidas irreversibles, las de aquellos que parten para nunca más volver, sino de esas otras con sensación de pérdida irreparable, las de amores rotos, las de viajeros que parten a otros continentes. Pero, en fin, despedirnos es parte de vivir, respiramos con los encuentros y los nacimientos, al igual que con los adioses y las muertes, las grandes y pequeñas. Por ello mismo, no dejemos de brindar y celebrar con todos ellos, nuestros personajes, los presentes y los ausentes, que, de cierto, nos encontraremos todos juntos algún día en la fiesta interminable.

Aquí otras versiones de Auld Lang Syne. Disfrútenlas: Hogmanay, McKellar.

Los doce inquilinos

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(c) NASAEl diario El País hace un reportaje por los 40 años de que el ser humano llegó a la Luna: los 12 inquilinos. Dice: “Seis expediciones alunizaron y una docena de sus hombres, varones y blancos, dejaron sus huellas indelebles. Todos menos uno abandonaron la NASA. Mitchell se dedicó a los fenómenos paranormales, Bean pinta la Luna, Irwin fundó la congregación religiosa.”

No importa mucho qué fue de ellos. Más allá de sus historias personales que han sido recordadas en estos días, lo que importa es lo que su hazaña despertó en todos nosotros: esa idea tan humana de que somos capaces de ir mucho más allá de las fronteras de lo posible. La luna, las estrellas, forman parte del imaginario colectivo. Es cierto que en nuestras ciudades iluminadas, llenas de neón y de luminarias es cada vez más difícil mirar las estrellas y admirarnos por la inmensidad del universo. Pero, he allí que lo que Amstrong y sus compañeros consiguieron fue mostrar que podemos ir más lejos de nosotros mismos, y de nuestras limitaciones humanas. Son apenas cuarenta años y sin embargo recién comenzamos esta aventura que seguirá más allá de las estrellas.

Up: una vida juntos, una aventura de altura

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(c) Disney. Pixar
(c) Disney. Pixar

Hoy fui a ver con mis hijos la última película de Disney “Una aventura de altura” (“Up, en inglés). Como siempre una experiencia divertida que, admite, sin embargo, más allá de una lectura. ¿Es tarde para volver a los sueños de la infancia? Carl le hizo una promesa “de corazón” a Ellie, cuando era niño, de llevarla a Sudamérica, a las Cataratas del Paraíso. Luego crecen, se casan y – como en muchos casos – los problemas, y las exigencias cotidianas hacen que los sueños y las promesas tengan que postponerse. Finalmente, muerta Ellis, Carl decide partir y luego de una serie de aventuras vuelve a encontrarse con el album que Ellis guardaba sobre el viaje soñado para darse cuenta que, en la páginas en que ella reservaba para las aventuras que iban a tener juntos en aquellas tierras soñadas de Sudamérica ella había colocado fotos de su vida cotidiana a lo largo de los años. Amarte y compartir la vida fue suficiente.  ¿No es vivir la vida juntos una aventura en sí? No llegamos a conocer nunca a una persona, siempre puede sorprendernos. “La vida, esa paradoja” decía Benedetti… No sabemos que nos depara, qué sueños tienen que ser reelaborados. Pero sólo tenemos una vida, y necesitamos volver a nuestras esperanzas primordiales, si no, ¿cómo sobrellevar la congoja, la cotidianidad? Esta película, entre toda la parafernalia propia para chicos, muestra eso como una gran verdad…

Vivir con serenidad y pensar con el hemisferio izquierdo

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Me han estremecido un montón de mujeres
Mujeres de fuego, mujeres de nieve…
Me estremecieron mujeres
Que la historia anotó entre laureles…
Y otras desconocidas, gigantes
Que no hay libro que las aguante..
.
(Silvio Rodriguez, “Mujeres”, 1975)

(c) Tomado de http://www.elpais.com/
(c) Tomado de http://www.elpais.com/

El blog de Angeles Mastretta llamó mi atención sobre la entrevista que le hizo el diario El País a Rita Levi-Montalcini, que ha cumplido 100 años el 22 de abril pasado. Esta mujer recibió un Nóbel en Medicina, y fue Senadora de la República Italiana y una feminista convencida. Aquí algunos extractos de la entrevista que le hiciera el periodista Miguel Mora.

– “¿Cómo es la vida a los cien años?”
– “Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve… ( )

– “Su tesis demostró que, de los dos hemisferios del cerebro, uno está menos desarrollado que el otro.”
– “Sí, el cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Todo lo que pasa en las grandes tragedias se debe al hecho de que este cerebro arcaico domina al de la verdadera razón. Por eso debemos estar alerta… ( )

– “En cien años usted ha conocido esos totalitarismos [Hitler, Mussolini]. ¿Cómo se puede evitar que vuelvan?”
– “Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía… ( )

– “¿Hará fiesta de cumpleaños?”
– “No, me gustaría ser olvidada, ésa es mi esperanza. No hay culpa ni mérito en cumplir 100 años. Puedo decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de vivir…”

– Díganos el secreto.
– La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.

– “¿Está preparada?”
– “No hace falta. Morir es lógico.”

– “¿Cuánto desearía vivir?”
– “El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho… ( )

Mi madre siempre dice que no le gustaría llegar a ser muy vieja, pero esto es algo que no podemos decidir…Ojalá poder envejecer con la misma lucidez y compromiso de esta mujer. No creo que podemos ser indiferentes a la muerte y a la decadencia, pero sí podemos decidir, desde ahora, por vivir con serenidad y aprovechar lo que la vida nos va dando. No espero llegar a los 100 años pero espero envejecer, si es el caso, con sabiduría, con la mente y el corazón despierto, y auque haya que usar audífono, o bastón o anteojos, sin embargo podamos seguir viendo, escuchando y caminando a nuestro paso, con el espíritu vivo…

Mirar lejos, sentir la maravilla

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(c) Tomado de Flickr: Doisemum
(c) Tomado de Flickr: Doisemum

Hay días en que parece que no pasa nada… Levantarse temprano, peleando con el sueño y la modorra y dejar que el piloto automático realice las rutinas cotidianas que nos sostienen: preparar el desayuno, apurar a los chicos para que no lleguen tarde al colegio, cepillarse los dientes, tomar las llaves… Y el trabajo es otro tanto, con sus repeticiones, sus incoherencias, sus burocracias, sus informes y sus papeles. Por eso, se requiere un poco de lucidez para mirar más allá de lo obvio, separar la paja del trigo, “mirar lejos” como decía Gustavo Gutierrez y poder encontrar el sentido en medio de lo ordinario…

Hoy ha sido uno de esos días y me pongo a pensar cómo ha pasado el día por mí, y cómo la novedad se ha asomado a mi ventana y no le he prestado atención, ocupado como estaba en mis rutinas. No me puedo quejar. Mañana haré caso a la maravilla, al rayito de sol que entra por la ventana, a la historia inverosímil que me cuenta mi hijo, a los rostros llenos de sorpresas que hay a cada vuelta de la esquina, a la fragancia de un perfume exótico y desconocido. Mañana me esforzaré por vivir en serio o, más bien, dejaré que la vida entre a bocanadas en mis pulmones, sin miedo, porque esa es la única vida posible. Y no hay devoluciones ni garantía…

Veleros

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(c) Tomado de Tripadvisor.com
(c) Tomado de Tripadvisor.com

Angeles Mastretta escribía esto en una de las últimas entradas de su blog:
“Si yo hubiera sido embarcación me habría gustado ser velero. Deslizarme empujada por el viento. No tener prisa, ni rumbo. No hacer ruido. Si fuéramos como barcos ¿quiénes serían nuestros náufragos? ¿Qué tesoros tiraríamos por la borda? ¿Qué milagro nos mantendría a flote? ¿A dónde iríamos cuando el mar fingiera estar en calma? ¿Cómo sería sobrevivir a la tormenta? ¿En qué mares se perdería nuestra cabeza?”

Interesante pensar nuestra vida como un barco en el océano, tal vez porque el mar es una metáfora de la vida, con sus olas, sus mareas. A veces también creo que la vida me ha ido llevando por mares diversos, por cielos distintos, con épocas de mar en calma, pero también con tormentas y tifones. Lo bueno de la visa, sin embargo, es que siempre ha habido otras embarcaciones cerca. Pero, por la inmensidad, hay algunas que estuvieron cerca (a veces muy cerca) y luego perdí de vista. Esto de despedirse siempre ha sido duro para mí, pero no hay modo, la marea nos arrastra y de pronto algunos otros u otras son sólo puntos en el horizonte y recuerdos en la memoria ¿son ellos nuestro naúfragos de los que habla Mastretta? ¿O son aquellos que se hundieron para siempre, sencilla y calladamente o de forma angustiosa? Arreglando fotos hace poco me doy cuenta que tengo mis muertos, pero da gusto ver que con algunos surcamos varias olas, vivimos una vida, y que ésta debe continuar en algún sitio, en algunas playas lejanas…

En fin, siempre se pueden sacar cosas de la inmensidad del mar. ¿O será reflejo de los mares interiores que tenemos dentro?