paternidad

Ya era hora

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(c) Tomada de http://elnenenocome.com
(c) Tomada de http://elnenenocome.com

Los padres tendrán derecho a cuatro días consecutivos de licencia con goce de haber cuando nazcan los hijos. Esto fue aprobado por unanimidad en el Congreso al final de la semana pasada, según informa el diario El Comercio. Según señala el proyecto, la licencia otorgada por el empleador es “irrenunciable” (¿implica esto que hay padres que no querrán tomarla pero deberían ser obligados a esto?). Más allá de los detalles legales del asunto, es importante ir al fondo de lo que implica esta iniciativa: reconocer que la paternidad no es accesoria, que es una pieza clave en el desarrollo del recién nacido, y que el estereotipo del padre ausente es eso, un estereotipo. Hay muchos padres, muchos más de los que podemos imaginar, que cuidan a sus hijos, que comparten el embarazo, que asisten al nacimiento y que asumen las responsabilidades de la crianza, las malas noches, el cambio de pañales, las preocupaciones por las enfermedades. Por todos ellos y por todos los padres que vendrán, felicitamos por la iniciativa, y por las tareas pendientes en avanzar en responsabilidades compartidas, padres y madres…

Padre y afortunado

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“Mi padre solía hacerme reír. Desde niña tengo recuerdos de mi padre jugando a provocar mi risa. Él que en el fondo era quizás un hombre triste, si dueño de tristezas es quien sabe que no hay alegría imposible, quien ironiza con el mundo todo, empezando por su propia figura y sus magras finanzas.” (Ángeles Mastretta, escritora y periodista mexicana)

Quisiera comentar este texto de Ángeles Mastretta que una de las mejores cosas sobre paternidad que he leído en las últimas semanas. Es un homenaje tierno y generoso a su padre, una persona que murió joven pero que dejó huella en su vida.

1966.AntabambaLeyendo esto, pensaba en mi propia historia. Mi papá murió hace más de cinco años, cuando acababa de comenzar un nuevo trabajo. Tuve que hacer las maletas y volar a Arequipa para acompañar a mi madre y pasar todo este trance del entierro, la despedida. Con el tiempo, he ido entendiendo mejor sus afanes. Tal vez el rol de madre está más claramente definido, pero en este mundo cambiante ser padre es un libreto todavía en construcción, en que no se trata ya de ser el único proveedor de la familia (asunto que es cada vez más compartido con las mujeres y que, en muchos casos, es asumido completamente por ellas), sino encontrar la propia manera de comunicarse con los hijos, acompañarlos en su proceso de desarrollo, en sus decisiones. El asunto no es fácil: antes la autoridad paterna (sobre todo la paterna) era incuestionable. Si no, estaba la correa o incluso el palo para confirmarla. Hoy, nosotros como padres (al igual que las mamás) debemos persuadir, negociar, y buscar ese complicado equilibrio entre disciplina y confianza que los hijos necesitan para crecer seguros y autónomos.

En medio de las incertidumbres a veces tiendo a aferrarme a algunas certezas que me dio mi propio padre. La forma como me transmitió el gusto por la lectura y la música es el mismo que intento seguir con mis hijos, aunque no siempre con el mismo éxito. Mi padre solía usar refranes para ejemplificar algunas de sus ideas y convicciones. Decía, por ejemplo, “Manda el sabio a la embajada y no le digas nada”, en referencia a que debía ser capaz de pensar por mí mismo, usar mi inteligencia y tomar mis propias decisiones, en vez de esperar que alguien me diera todas las instrucciones. Esa es otra de las cosas que espero poder inculcar a los chicos… Darles la seguridad a mis hijos de que siempre podrán confiar en mí es otra de mis metas. Por ahora no tienen duda, por que son aún chicos, pero sé lo que viene cuando se hagan más adolescentes y jóvenes. En fin, el reto es grande y no siempre es fácil: a veces también me desespero, me canso, o termino renegando cuando dejan todo desordenado, cuando se ponen engreídos para comer o cuando prefieren correr a la tele en vez de quedarse conversando en la mesa. Cada uno necesita su padre de manera distinta y es un arte de equilibrio responder a estas demandas, muchas veces simultáneas. Pero nadie dijo que esta tarea fuera a ser fácil, y yo la sigo considerando como la más delicada, vital y urgente tarea que la vida me ha confiado.

Decían que para pasar a la posteridad había que hacer tres cosas: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. He plantado un par de árboles en mi vida y hay uno (enfrente de mi casa) que sigo pacientemente defendiendo para que los autos, los perros y los niños terminen de dejarlo crecer. Un libro, me falta, aunque podría decir que he escrito varias cosas y ahora último, este blog que podría contar para este requisito. Y sobre el hijo tengo no sólo uno sino tres, cada uno con sus genialidades. Para sentirse afortunado ¿no?

Permisos iguales, responsabilidades compartidas

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(c) Tomado de http://www.igualeseintransferibles.org/
(c) Tomado de http://www.igualeseintransferibles.org/

Encontré en la web esta magnífica iniciativa en Europa que busca “reivindicar la igualdad de permisos entre hombres y mujeres, poniendo así fin a uno de los factores en que se asienta la discriminación laboral de las mujeres y la desigual distribución de las tareas y responsabilidades extralaborales”.

Esta es, por ejemplo, la petición que se ha hecho al Parlamento Europeo que ha propuesto ampliar la duración mínima del permiso de maternidad desde 14  hasta 18 semanas y en la que ni se menciona un periodo mínimo de permiso de paternidad,

“Las personas abajo firmantes expresamos nuestra preocupación por la persistente desigualdad entre los permisos de maternidad y paternidad, que refleja la concepción de que son las mujeres las que deben ocuparse prioritariamente del cuidado.

Apelamos a la reiterada apuesta del Parlamento Europeo por la igualdad de género. Actualmente, y más aún en el periodo de crisis económica en el que nos encontramos, proteger los empleos de las mujeres exige que estas no estén marcadas con la etiqueta de ‘menos disponible’ para el trabajo asalariado. En la vida familiar, para avanzar hacia la eliminación de los roles diferenciados de género, es necesario que los padres puedan ocuparse del cuidado de sus bebés igual que las madres. Afortunadamente la sociedad ya ha apostado por la corresponsabilidad en el cuidado, pero para que los hombres puedan ejercerla es necesario que se les conceda su permiso y prestación de paternidad al mismo nivel que a la madre.

Creemos que el permiso del padre debe ser individual e intransferible, como lo son los demás derechos laborales y de Seguridad Social basados en cotizaciones personales. La experiencia ha demostrado que los hombres no disfrutan los permisos que pueden transferir a las mujeres, ya sea por razones de educación o por presión de las empresas. Por otro lado, todas las mujeres se ven penalizadas por las mayores ausencias laborales de las madres. Una vez que ambos progenitores tengan permisos iguales e intransferibles, podrían aumentarse estos permisos al unísono sin perjudicar el objetivo de igualdad. Mientras, aumentar el de maternidad sería agravar aún más las diferencias.”

He pasado por esta experiencia, como padre, de no poder acompañarlos plenamente en los primeros días de nacido. He sido testigo, también, de como mi esposa ha tenido que lidiar con asuntos laborales y tener que “re-engancharse” luego de la licencia o descanso, no siempre en condiciones iguales o mejores. Pero, sobre todo, reivindico este derecho que tenemos como padres de estar con nuestros hijos en esos primeros días, que son muchas veces de amanecidas, angustia. Es difícil enfrentar el trabajo con pocas horas de sueño, o con el sentido de culpa porque es la madre la que lleva no sólo la lactancia sino gran parte del cuidado mientras uno está fuera. Y qué mayor es el reto en este país en que sólo una fracción tiene un trabajo formal y estable…

Lenguajes compartidos

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Iwo Jima, 1945
Joe Rosenthal: Iwo Jima, 1945

Mi padre pasó los primeros años de su infancia escuchando las incidencias de la Segunda Guerra Mundial, escuchando las incidencias contadas por la BBC de Londres en la radio de una vecina y jugando en la huerta a manejar un Panzer en las estepas de Rusia o un Zero en los cielos del mar de Japón.

La guerra mundial, sus fechas y sus batallas se convirtieron en un lenguaje común con mi padre. Sólo él y yo nos entendíamos y sabíamos que significaba “Día-D”, “Operación Barbarroja” o “Zero, zero, zero”. Mi padre aplicaba a cosas de la vida cotidiana los temas de la guerra, o frases clave como “Volveremos!” de McArthur cuando abandonaba Las Filipinas ante la invasión japonesa. Yo crecí con esto en mi infancia, cuando aún había series de TV en que los americanos eran los buenos y los alemanes los malos.

Lo importante de todo esto, mirado desde esta orilla de mis años, es que este motivo se convirtió en una forma de comunicarme con mi padre. Siempre, incluso en los momentos de mayores dificultades e incomprensiones, esta fue una línea abierta, un código común que nos ayudaba a sortear malentendidos, un guiño en medio de la multitud. Mi padre soñaba con poder ir algún día a Normandía y pisar las playas en las que dejaron sus sus vidas tantos jóvenes en 1944. Ahora que mi padre ya no está, sigo recordándolo siempre cada 6 de junio, y pienso en las complicidades que he ido construyendo con mis propios hijos. En esta época de tanto Internet y tanta tecnología, en que los cambios y novedades son pan de cada día no es fácil mantener los canales abiertos con los hijos. Pero me esfuerzo por crear intereses comunes, por contarles mi propia historia y adentrarlos en mis gustos y obsesiones, conciente de que, aunque ellos tendrán los suyos propios algo quedará en el futuro que nos permita relacionarnos mejor como padre e hija, padre e hijo. Y la historia se repetirá, no con las mismas guerras pero con otras que seguimos luchando cada día en nuevas Normandías.