sabiduría

Viajar lento: ¿bendición o maldición?

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Ewan McIntosh, en edu.blogs.com comenta esta interesante travesía de David Randall de Roma a Inglaterra, debido a los vuelos cerrados por la nube del volcán que erupcionó en Islandia, las peripecias que debe seguir para encontrar otro vuelo, un taxi compartido con otros, un carro de alquiler para pasar el ferry hacia Dover, el apoyo de alguien para no quedarse a la intemperie en una noche congelada…

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Ewan comenta que viajar despacio ha hecho que las personas hablen más, más de lo usual que sucede en aeropuertos. Han descubierto un poco más quién es su vecino de asiento, historías maravillosas y concidencias geniales.

Recordaba este magnífico texto autobiográfico de  Gabriel García Márquez, “Vivir para contarla”,  en la que describe los viajes que hacía por barco por le río Magdalena durante su época de estudios en Bogotá. “Hoy me atrevo a decir que lo único por lo que quisiera volver a ser niño es para gozar otra vez de aquel viaje… ( ) Ahora es raro que alguien conozca a alguien en los aviones. En los buques fluviales los estudiantes terminábamos por parecer una sola familia, pues no poníamos de acuerdo todos los años para coincidir en el viaje. A veces el buque encallaba hasta quince días en un banco de arena. Nadie se preocupaba, pues la fiesta seguía, y una carta del capitán con el escudo de su anillo servía de excusa para llegar tarde al colegio…”

Los viajes de hoy tienden a ser impersonales mientras más sofisticados son. Habría que ver los viajes en las camionetas en la sierra, o las lanchas en la selva. Por eso, más allá de lo rápido o lento que se viaje, lo que importa es la actitud que tengamos: el viaje como una experiencia humana o no, en la que el mismo viaje, el mismo trayecto puede ser tan importante como llegar a nuestro destino….

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Adélia Prado

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Minha tristeza não tem pedigree,
Já a minha vontade de alegria,
sua raiz vai ao meu mil avô.
Vai ser coxo na vida é maldição pra homem.
Mulher é desdobrável. Eu sou.

(Com Licenca Poetica. De Bagagem, 1976)

 

 

adelia_pradocpMi amigo José Francisco Navarro me invitó a la presentación, en la Feria del Libro de Lima, de la segunda edición en castellano del poemario “Bagajes”, de la escritora brasileña Adélia Prado. Un evento sencillo y significativo en que se rindió homenaje a esta mujer de Divinópolis (Minas Gerais) que ha integrado la poesía y la vida cotidiana, lo sagrado y lo profano, el cuerpo y la espiritualidad.

Dos cosas en particular me gustaron de la presentación. Esta idea de “bagaje”, el título del poemario. Bagaje es lo que llevamos en un viaje, lo importante, lo imprescindible. La poesía nos libera, según Adela, nos permite rencontrarnos con lo realmente esencial, con el sentido de nuestra humanidad. En medio de este mundo contemporáneo, consumista, cínico y la modernidad “líquida” de la que habla Zygmunt Bauman, se requiere volver a lo esencial, a la comunión, a los afectos. Y esto es algo que se logra con claridad en la poesía de Adélia.

El otro asunto interesante de la presentación es esto que dijo José Francisco (Pancho) que “traducir es aprender a hablar”. Tarea ardua, complicada pero a la vez esperanzadora. Muchos se han fijado en el sentido negativo de la traducción (Traduttore traditore, el traductor es un traidor), pero pocos en esta tarea emblemática de descubrir y recrear desde la sensibilidad para que el texto original brille con otra luz en el nuevo texto.

Aquí algunas referencias y textos de Adélia Prado que se encuentran en Internet: el blog Ventana Lateral, Noctambulario y Camino de Poesía.

El infierno somos nosotros mismos

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Esta es una de las escenas más bellas de esta película española llamada “La Lengua de las Mariposas”(1999) de José Luis Cuerda. ¿Qué pasa cuando uno se muere? Inevitablemente nos hemos preguntado esto en algún momento de nuestra niñez y son ahora los hijos los que nos hacen la misma pregunta. Si uno cree o no en la vida futura puede ensayar distintas respuestas. Don Gregorio, el maestro en esta película, le dice a Moncho esta frase que resume su filosofía y sus esperanza. “A veces, el infierno somos nosotros mismos”  ¿Por qué esperar por la vida futura? Mi madre, siendo muy católica, siempre ha creído que las culpas se pagan aquí, en esta vida y no es necesario esperar a la siguiente. Hay en esto algo de sabiduría ¿no? Esta vida contiene ya la semilla del futuro, la cual podemos intuir pero no podemos imaginar, como la oruga no se sueña como mariposa. En esta vida tenemos atisbos del cielo y también del infierno. Nosotros somos el cielo y el infierno y podemos serlo en mayor o menor medida para otros, en la medida en que escojamos hacerle la vida fácil a los otros o convertirla literalmente en un infierno.

Vivir con serenidad y pensar con el hemisferio izquierdo

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Me han estremecido un montón de mujeres
Mujeres de fuego, mujeres de nieve…
Me estremecieron mujeres
Que la historia anotó entre laureles…
Y otras desconocidas, gigantes
Que no hay libro que las aguante..
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(Silvio Rodriguez, “Mujeres”, 1975)

(c) Tomado de http://www.elpais.com/
(c) Tomado de http://www.elpais.com/

El blog de Angeles Mastretta llamó mi atención sobre la entrevista que le hizo el diario El País a Rita Levi-Montalcini, que ha cumplido 100 años el 22 de abril pasado. Esta mujer recibió un Nóbel en Medicina, y fue Senadora de la República Italiana y una feminista convencida. Aquí algunos extractos de la entrevista que le hiciera el periodista Miguel Mora.

– “¿Cómo es la vida a los cien años?”
– “Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve… ( )

– “Su tesis demostró que, de los dos hemisferios del cerebro, uno está menos desarrollado que el otro.”
– “Sí, el cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Todo lo que pasa en las grandes tragedias se debe al hecho de que este cerebro arcaico domina al de la verdadera razón. Por eso debemos estar alerta… ( )

– “En cien años usted ha conocido esos totalitarismos [Hitler, Mussolini]. ¿Cómo se puede evitar que vuelvan?”
– “Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía… ( )

– “¿Hará fiesta de cumpleaños?”
– “No, me gustaría ser olvidada, ésa es mi esperanza. No hay culpa ni mérito en cumplir 100 años. Puedo decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de vivir…”

– Díganos el secreto.
– La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.

– “¿Está preparada?”
– “No hace falta. Morir es lógico.”

– “¿Cuánto desearía vivir?”
– “El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho… ( )

Mi madre siempre dice que no le gustaría llegar a ser muy vieja, pero esto es algo que no podemos decidir…Ojalá poder envejecer con la misma lucidez y compromiso de esta mujer. No creo que podemos ser indiferentes a la muerte y a la decadencia, pero sí podemos decidir, desde ahora, por vivir con serenidad y aprovechar lo que la vida nos va dando. No espero llegar a los 100 años pero espero envejecer, si es el caso, con sabiduría, con la mente y el corazón despierto, y auque haya que usar audífono, o bastón o anteojos, sin embargo podamos seguir viendo, escuchando y caminando a nuestro paso, con el espíritu vivo…

Mirar lejos, sentir la maravilla

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(c) Tomado de Flickr: Doisemum
(c) Tomado de Flickr: Doisemum

Hay días en que parece que no pasa nada… Levantarse temprano, peleando con el sueño y la modorra y dejar que el piloto automático realice las rutinas cotidianas que nos sostienen: preparar el desayuno, apurar a los chicos para que no lleguen tarde al colegio, cepillarse los dientes, tomar las llaves… Y el trabajo es otro tanto, con sus repeticiones, sus incoherencias, sus burocracias, sus informes y sus papeles. Por eso, se requiere un poco de lucidez para mirar más allá de lo obvio, separar la paja del trigo, “mirar lejos” como decía Gustavo Gutierrez y poder encontrar el sentido en medio de lo ordinario…

Hoy ha sido uno de esos días y me pongo a pensar cómo ha pasado el día por mí, y cómo la novedad se ha asomado a mi ventana y no le he prestado atención, ocupado como estaba en mis rutinas. No me puedo quejar. Mañana haré caso a la maravilla, al rayito de sol que entra por la ventana, a la historia inverosímil que me cuenta mi hijo, a los rostros llenos de sorpresas que hay a cada vuelta de la esquina, a la fragancia de un perfume exótico y desconocido. Mañana me esforzaré por vivir en serio o, más bien, dejaré que la vida entre a bocanadas en mis pulmones, sin miedo, porque esa es la única vida posible. Y no hay devoluciones ni garantía…