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Ignacio de Loyola: solo y a pie

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No hay imágenes de Ignacio peregrino. Ésta, tomada de:  http://www.cpalsj.org
No hay imágenes de Ignacio peregrino. Ésta, tomada de: http://www.cpalsj.org

El 31 de julio es la fiesta de San Ignacio de Loyola. ¿Puede un militar y cortesano del siglo XVII, luego convertido en santo, enseñarnos algo a las personas del siglo XXI? De hecho, hay algunos, como Chris Lowney que han escrito sobre el liderazgo de los jesuitas basado no sólo en su experiencia personal, sino en base a los escritos de Ignacio de Loyola, sus Ejercicios Espirituales y la manera como, en poco tiempo, creó una nueva orden religiosa que se puso al servicio de la Iglesia Católica en tiempos complicados. Ignacio fundó su Compañía de Jesús con diez compañeros escogidos uno a uno en París, y 15 años después, cuando moría, eran cerca de mil, en cuatro continentes. Francisco Xavier, uno de los primeros, había llegado a Japón y moría pocos años antes a las puertas de China.

Hay, sin embargo, una faceta de Ignacio, antes que comenzara todo esto, que es necesario rescatar. Sin ella, el Ignacio general de los jesuitas y visionario al servicio de la Iglesia no hubiese podido realizarse. Es el Ignacio peregrino, quien luego de convertirse, vagó por varios lugares de Europa y logró, incluso, como soñaba, ir a Jerusalén, con el propósito de ver los lugares santos. La situación de la época no le permitió quedarse en Tierra Santa. Estaba ocupada por los musulmanes y la relación era tensa con los cristianos. Ignacio tuvo que regresar y cambiar sus planes. Fue entonces que, para poder seguir aconsejando a otros y poder llevarlos por la ruta espiritual de los Ejercicios Espirituales, decide estudiar, primero en España, y luego de algunas dificultades, se dirige a una de las mejores universidades de la época, la Universidad de París. Allí comienza la otra parte de la historia.

Tellechea: Solo y a pie
Tellechea: Solo y a pie

Quien mejor retrata esta travesía personal y espiritual de San Ignacio es J. Ignacio Tellechea. Tiene un libro estupendo sobre su vida llamado “Ignacio de Loyola, solo y a pie”. Este Ignacio, que iba conociéndose y conociendo a Dios iba por los caminos, “ligero de equipaje”, como decía Antonio Machado, libre de espíritu, abierto a las oportunidades, con una sed de aprendizaje.

Para nuestros parámetros actuales, Ignacio no sería un modelo a seguir hasta que fundó la Compañía. Ni un caballero victorioso, ni un viajero exitoso, ni un estudiante aventajado. Pero en medio de todas las vicisitudes de la época fue desarrollando una manera de conocer a las personas, de entenderlas y acompañarlas para impulsarlas a dar lo mejor de sí. No se convirtió en erudito pero hablaba con persuasión de la fe y la pasión que lo movía. Y en medio de tiempos inciertos, aprendió a ser consecuente y a ser empeñoso en sus propósitos, con honestidad e inteligencia.

Se ha creado todo un mito en torno al llamado Papa negro, el General de los Jesuitas. Felizmente, el único jesuita que ha llegado a ser Papa, el actual Francisco I está demostrando con sus actos y sus gestos que la Iglesia puede estar más cerca de la gente.

Por ello, volvamos nuevamente a la figura de Ignacio, peregrino solo a pie. Si sabemos apreciar el camino, conversar con Dios y con nosotros mismos, podremos adquirir el valor y el conocimiento para los emprendimientos que tengamos, grandes o pequeños.

Viajar lento: ¿bendición o maldición?

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Ewan McIntosh, en edu.blogs.com comenta esta interesante travesía de David Randall de Roma a Inglaterra, debido a los vuelos cerrados por la nube del volcán que erupcionó en Islandia, las peripecias que debe seguir para encontrar otro vuelo, un taxi compartido con otros, un carro de alquiler para pasar el ferry hacia Dover, el apoyo de alguien para no quedarse a la intemperie en una noche congelada…

(c) http://www.chicagobreakingnews.com

Ewan comenta que viajar despacio ha hecho que las personas hablen más, más de lo usual que sucede en aeropuertos. Han descubierto un poco más quién es su vecino de asiento, historías maravillosas y concidencias geniales.

Recordaba este magnífico texto autobiográfico de  Gabriel García Márquez, “Vivir para contarla”,  en la que describe los viajes que hacía por barco por le río Magdalena durante su época de estudios en Bogotá. “Hoy me atrevo a decir que lo único por lo que quisiera volver a ser niño es para gozar otra vez de aquel viaje… ( ) Ahora es raro que alguien conozca a alguien en los aviones. En los buques fluviales los estudiantes terminábamos por parecer una sola familia, pues no poníamos de acuerdo todos los años para coincidir en el viaje. A veces el buque encallaba hasta quince días en un banco de arena. Nadie se preocupaba, pues la fiesta seguía, y una carta del capitán con el escudo de su anillo servía de excusa para llegar tarde al colegio…”

Los viajes de hoy tienden a ser impersonales mientras más sofisticados son. Habría que ver los viajes en las camionetas en la sierra, o las lanchas en la selva. Por eso, más allá de lo rápido o lento que se viaje, lo que importa es la actitud que tengamos: el viaje como una experiencia humana o no, en la que el mismo viaje, el mismo trayecto puede ser tan importante como llegar a nuestro destino….