familia

¿Cómo medirías tu vida?

Posted on Actualizado enn

Un colega del trabajo compartió con nosotros este inusual artículo de Clayton M. Christensen en la revista Harvard Business Review titulado “How Will You Measure your Life?” [¿Cómo medirías tu vida?].

(c) http://www.speech-language-therapy.com

Christensen es profesor en la Escuela de Negocios de Harvard (HSB) y cuenta como, al final del curso pidió a los estudiantes que utilizaran los argumento y la teoría aprendida para responder a tres preguntas claves: ¿Cómo estar seguro de que seré feliz en mi carrera? ¿Cómo asegurarme de que la relación con mi esposa y mi familia se convierte en una fuente permanente de felicidad? ¿Cómo estar seguro de no ir a la cárcel? La tercera pregunta puede sonar extraña, pero hay que recordar que detrás de Enron y otros casos criminales de los escándalos financieros de años pasados en los EE.UU. tuvieron como protagonistas a ex-alumnos de la HSB.

El artículo, que vale la pena leer completo, tiene algunas ideas interesantes que pueden ser aplicadas a cualquiera: en primer lugar, esta idea de que el principal motivador del trabajo no es el dinero, sino la posibilidad de aprender, crecer en responsabilidades, ayudar a otros y ser reconocidos por lo que logramos. La familia, por supuesto, es muy importante. Christensen sostiene que muchas veces no sabemos distribuir nuestro de tiempo de manera efectiva, y construir la relación con nuestra pareja, con los hijos. Pensamos, erróneamente, que después tendremos tiempo y a veces puede ser demasiado tarde…

Y en cuanto a la integridad, Christensen afirma que es más fácil ser consecuente al 100% que al 98%. Una vez que caemos en la tentación de decir “sólo por esta vez”, será más fácil quebrar nuestros principios una y otra vez.

Uno encuentra joyas como estas en medio de un revista de negocios. Hay que saber mirar. Implica que, hagamos lo que hagamos, sea cual sea nuestra profesión o negocio, vale la pena hacer un alto y mirar lo que hacemos, la raíz de nuestras aprehensiones, angustias y motivaciones. No es fácil navegar en este océano de ilusiones, mercados y decepciones. Pero creo que todo lo que hacemos para darle mayor sentido a nuestra vida tiene gran valor. Leyendo este artículo recordaba esta película The Bucklet List (2007) con Jack Nicholson y Morgan Freeman en la que Carter le comenta a su compañero, sentado al lado de las pirámides de Egipto, que el Libro de los Muertos contiene las preguntas que se le hacen al que llega al valle de la muerte: “¿Has sido feliz? ¿Has hecho feliz a otros?”

Ya era hora

Posted on

(c) Tomada de http://elnenenocome.com
(c) Tomada de http://elnenenocome.com

Los padres tendrán derecho a cuatro días consecutivos de licencia con goce de haber cuando nazcan los hijos. Esto fue aprobado por unanimidad en el Congreso al final de la semana pasada, según informa el diario El Comercio. Según señala el proyecto, la licencia otorgada por el empleador es “irrenunciable” (¿implica esto que hay padres que no querrán tomarla pero deberían ser obligados a esto?). Más allá de los detalles legales del asunto, es importante ir al fondo de lo que implica esta iniciativa: reconocer que la paternidad no es accesoria, que es una pieza clave en el desarrollo del recién nacido, y que el estereotipo del padre ausente es eso, un estereotipo. Hay muchos padres, muchos más de los que podemos imaginar, que cuidan a sus hijos, que comparten el embarazo, que asisten al nacimiento y que asumen las responsabilidades de la crianza, las malas noches, el cambio de pañales, las preocupaciones por las enfermedades. Por todos ellos y por todos los padres que vendrán, felicitamos por la iniciativa, y por las tareas pendientes en avanzar en responsabilidades compartidas, padres y madres…

Padre y afortunado

Posted on Actualizado enn

“Mi padre solía hacerme reír. Desde niña tengo recuerdos de mi padre jugando a provocar mi risa. Él que en el fondo era quizás un hombre triste, si dueño de tristezas es quien sabe que no hay alegría imposible, quien ironiza con el mundo todo, empezando por su propia figura y sus magras finanzas.” (Ángeles Mastretta, escritora y periodista mexicana)

Quisiera comentar este texto de Ángeles Mastretta que una de las mejores cosas sobre paternidad que he leído en las últimas semanas. Es un homenaje tierno y generoso a su padre, una persona que murió joven pero que dejó huella en su vida.

1966.AntabambaLeyendo esto, pensaba en mi propia historia. Mi papá murió hace más de cinco años, cuando acababa de comenzar un nuevo trabajo. Tuve que hacer las maletas y volar a Arequipa para acompañar a mi madre y pasar todo este trance del entierro, la despedida. Con el tiempo, he ido entendiendo mejor sus afanes. Tal vez el rol de madre está más claramente definido, pero en este mundo cambiante ser padre es un libreto todavía en construcción, en que no se trata ya de ser el único proveedor de la familia (asunto que es cada vez más compartido con las mujeres y que, en muchos casos, es asumido completamente por ellas), sino encontrar la propia manera de comunicarse con los hijos, acompañarlos en su proceso de desarrollo, en sus decisiones. El asunto no es fácil: antes la autoridad paterna (sobre todo la paterna) era incuestionable. Si no, estaba la correa o incluso el palo para confirmarla. Hoy, nosotros como padres (al igual que las mamás) debemos persuadir, negociar, y buscar ese complicado equilibrio entre disciplina y confianza que los hijos necesitan para crecer seguros y autónomos.

En medio de las incertidumbres a veces tiendo a aferrarme a algunas certezas que me dio mi propio padre. La forma como me transmitió el gusto por la lectura y la música es el mismo que intento seguir con mis hijos, aunque no siempre con el mismo éxito. Mi padre solía usar refranes para ejemplificar algunas de sus ideas y convicciones. Decía, por ejemplo, “Manda el sabio a la embajada y no le digas nada”, en referencia a que debía ser capaz de pensar por mí mismo, usar mi inteligencia y tomar mis propias decisiones, en vez de esperar que alguien me diera todas las instrucciones. Esa es otra de las cosas que espero poder inculcar a los chicos… Darles la seguridad a mis hijos de que siempre podrán confiar en mí es otra de mis metas. Por ahora no tienen duda, por que son aún chicos, pero sé lo que viene cuando se hagan más adolescentes y jóvenes. En fin, el reto es grande y no siempre es fácil: a veces también me desespero, me canso, o termino renegando cuando dejan todo desordenado, cuando se ponen engreídos para comer o cuando prefieren correr a la tele en vez de quedarse conversando en la mesa. Cada uno necesita su padre de manera distinta y es un arte de equilibrio responder a estas demandas, muchas veces simultáneas. Pero nadie dijo que esta tarea fuera a ser fácil, y yo la sigo considerando como la más delicada, vital y urgente tarea que la vida me ha confiado.

Decían que para pasar a la posteridad había que hacer tres cosas: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. He plantado un par de árboles en mi vida y hay uno (enfrente de mi casa) que sigo pacientemente defendiendo para que los autos, los perros y los niños terminen de dejarlo crecer. Un libro, me falta, aunque podría decir que he escrito varias cosas y ahora último, este blog que podría contar para este requisito. Y sobre el hijo tengo no sólo uno sino tres, cada uno con sus genialidades. Para sentirse afortunado ¿no?

El regalo es lo de menos

Posted on

(c) Tomado de http://musicados.blogspot.com/
(c) Tomado de http://musicados.blogspot.com/
Visitando el blog de Iñigo Barreiro, me encuentro con estas caricaturas de Faro sobre temas del hogar y la escuela. Me recordó la manera como mis hijos, sobre todo cuando eran más pequeños, se entusiasmaban tanto con el papel de regalo que a veces se olvidaban del mismo regalo que iba dentro. Sin embargo, no es una cuestión de niño. La cultura del envoltorio es tan potente que nos encontramos todo un mundo de consumidores que se dejan llevar por las presentaciones y no tanto por el producto en sí: autos, televisores, alimentos, libros. En muchos casos la caja, la tapa, la marca es lo único que cuenta… Nos encandilamos, como los niños, por lo que brilla, lo que ofrece prestigio, juventud, vida saludable, entendimiento. Puede ser lo mismo con las personas: nos quedamos en su aspecto físico, en sus títulos o cartones académicos, en la elegancia de su traje, en su forma complaciente o persuasiva de conversar o discutir. No creo que se trata de un asunto de fondo y forma. La forma también es parte de la realidad, pero no lo es todo… Y es algo que podemos enseñar a nuestro hijos desde pequeños. Ir más al fondo, no dejarse engatusar, ser críticos, esperar lo mejor. Tal vez así no se queden con el papel del regalo y tiren los verdaderos regalos que la vida nos va ofreciendo a lo largo de los años…

Permisos iguales, responsabilidades compartidas

Posted on

(c) Tomado de http://www.igualeseintransferibles.org/
(c) Tomado de http://www.igualeseintransferibles.org/

Encontré en la web esta magnífica iniciativa en Europa que busca “reivindicar la igualdad de permisos entre hombres y mujeres, poniendo así fin a uno de los factores en que se asienta la discriminación laboral de las mujeres y la desigual distribución de las tareas y responsabilidades extralaborales”.

Esta es, por ejemplo, la petición que se ha hecho al Parlamento Europeo que ha propuesto ampliar la duración mínima del permiso de maternidad desde 14  hasta 18 semanas y en la que ni se menciona un periodo mínimo de permiso de paternidad,

“Las personas abajo firmantes expresamos nuestra preocupación por la persistente desigualdad entre los permisos de maternidad y paternidad, que refleja la concepción de que son las mujeres las que deben ocuparse prioritariamente del cuidado.

Apelamos a la reiterada apuesta del Parlamento Europeo por la igualdad de género. Actualmente, y más aún en el periodo de crisis económica en el que nos encontramos, proteger los empleos de las mujeres exige que estas no estén marcadas con la etiqueta de ‘menos disponible’ para el trabajo asalariado. En la vida familiar, para avanzar hacia la eliminación de los roles diferenciados de género, es necesario que los padres puedan ocuparse del cuidado de sus bebés igual que las madres. Afortunadamente la sociedad ya ha apostado por la corresponsabilidad en el cuidado, pero para que los hombres puedan ejercerla es necesario que se les conceda su permiso y prestación de paternidad al mismo nivel que a la madre.

Creemos que el permiso del padre debe ser individual e intransferible, como lo son los demás derechos laborales y de Seguridad Social basados en cotizaciones personales. La experiencia ha demostrado que los hombres no disfrutan los permisos que pueden transferir a las mujeres, ya sea por razones de educación o por presión de las empresas. Por otro lado, todas las mujeres se ven penalizadas por las mayores ausencias laborales de las madres. Una vez que ambos progenitores tengan permisos iguales e intransferibles, podrían aumentarse estos permisos al unísono sin perjudicar el objetivo de igualdad. Mientras, aumentar el de maternidad sería agravar aún más las diferencias.”

He pasado por esta experiencia, como padre, de no poder acompañarlos plenamente en los primeros días de nacido. He sido testigo, también, de como mi esposa ha tenido que lidiar con asuntos laborales y tener que “re-engancharse” luego de la licencia o descanso, no siempre en condiciones iguales o mejores. Pero, sobre todo, reivindico este derecho que tenemos como padres de estar con nuestros hijos en esos primeros días, que son muchas veces de amanecidas, angustia. Es difícil enfrentar el trabajo con pocas horas de sueño, o con el sentido de culpa porque es la madre la que lleva no sólo la lactancia sino gran parte del cuidado mientras uno está fuera. Y qué mayor es el reto en este país en que sólo una fracción tiene un trabajo formal y estable…

Reflexiones urbanísticas

Posted on

Cada uno tiene una manera de aproximarse al espacio y buscar la satisfacción en la vida.  Leía la entrevista a Eduardo Lora en El Comercio del domingo pasado, en que hablaba del “crecimiento infeliz” que ha experimentado nuestro país en el que, son justamente los sectores más dinámicos y “exitosos” los que se sienten menos satisfechos con lo que hacen o tienen. Al final decía que los limeños valoran más que sus viviendas estén en lugares seguros, con calles en buen estado y cerca de áreas verdes a diferencia de Medellín donde se valora más la cercanía a calles principales o lugares culturales.

La estrategia del caracolObviamente, en la medida en que uno puede decidir donde vivir (algunos no tienen esa opción), uno busca aquello que esté conforme con sus gustos y sus opciones. Yo busqué mi casa en un lugar cercano al colegio de mis hijos (recordando la tortura de mi infancia de tener que levantarme al alba); sabía más o menos donde quería vivir pero sabía mejor donde NO quería vivir. No me gustaban (ni me gustan) las urbanizaciones ni las calles enrejadas (por un sentido de derechos, de libre tránsito), las avenidas con tráfico ni las calles sin vereda que se ve en algunas zonas donde suponen que todos se trasladan en auto (excepto las empleadas cama adentro y los jardineros). No hay parque en frente pero me conseguí mi arbolito para verlo crecer a la par que mi hijo. Me alegra que esté cerca de un mercado porque los mercados de Lima son una maravilla y no me afecta para nada que no esté cerca de un Wong, un Metro o un Plaza Vea… No tengo vista al mar, pero tampoco la humedad y neblina tan terrible del invierno…

Finalmente, he venido a entender que una casa no se encuentra, sino que se hace, se construye con las cosas cotidianas de cada día, con lo que uno le va poniendo, haciendo, rehaciendo. A veces me quejo porque mis hijos son desordenados pero ¿qué sería esta casa sin su presencia, sin sus juguetes, sus pinturas, sus garabatos en la pared? Dejamos nuestras huellas en el espacio de la misma manera que en el tiempo. Sin ello ¿cómo sabrían que hemos existido?

Recordaba esa canción de Mercedes Sosa, “Barco Quieto” con letra de María Walsh.

“No te vayas, quédate
que ya estamos
de vuelta de todo
y esta casa es nuestro
modo de ser.
Tantas charlas, tanta vida,
tantas noches con olor a comida
con una eternidad familiar
en un solo día no puede cambiar
y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

Estos muros, estas puertas
no son de mentiras,
son el alma nuestra.
Barco quieto, morada interior
que vivimos lo hicimos
igual que el amor…”

Madre, ¿hay una sola?

Posted on Actualizado enn

(c) Quino
(c) Quino

Saludos, mamás, abuelas, tías-que-hacen-de-mamás, esposas-mamás, etc., etc.

No me gusta mucho dar saludos por el Día de la Madre porque, en fin, siempre tiene algo de eso que se dice bien en inglés “patronazing” (¿condescendencia?, nunca sé cómo traducirlo). Pero, en fin, creo que puede ser ocasión para celebrar aquello que ustedes, mujeres, tienen más aprendido que nosotros: el cuidado de los otros, la atención de los más pequeños, los más débiles, los que comienzan la vida y los que la van terminando. Sin ese sentido de “cuidado” nuestras sociedades no podrían sostenerse, avanzar, desarrollarse. Y en una época como ésta en que parece privilegiarse la competitividad, la eficiencia a toda costa, el individualismo, los liderazgos agresivos, no es malo recordar que todos comenzamos conectados a los otros, mejor dicho a otra, por un cordón umbilical y que nuestro destino como seres humanos no está desligado de la suerte de los demás. Tal vez si no hubiésemos dejado de escuchar los latidos de este gran corazón al que estamos unidos (por algo, con sabiduría nuestros antiguos peruanos la llamaba, como hasta hoy, la “pacha mama”) no estaríamos lamentando hoy cosas como el calentamiento global, o la deforestación o la desnutrición crónica.

Mafalda tiene razón… Tenemos muchas mamás y detrás de muchos de los roles que cada una de ustedes juega, esperamos que siga latiendo fuerte, esa corriente que nos conecta al mundo y a los demás.

Hay muchas cosas que se han escrito sobre la maternidad pero nada me gusta tanto como el libro “Paula” de Isabel Allende, esta larga carta o testamento a su hija enferma. Este es uno de los pasajes más extraordinarios que comparto con ustedes en esta ocasión…

 “Los hijos condicionaron mi existencia, desde que nacieron no he vuelto a pensar en términos individuales, soy parte de un trío inseparable. En una oportunidad, hace varios años, quise darle prioridad a un amante, pero no me resultó y al final renuncié a él para volver a mi familia. Éste es un tema que debemos hablar más adelante, Paula, ya está bueno de mantenerlo en silencio. Nunca se me ocurrió que la maternidad fuera optativa, la consideraba inevitable, como las estaciones. Supe de mis embarazos antes que fueran confirmados por la ciencia, apareciste en un sueño, tal como después se me reveló tu hermano Nicolás. No he perdido esa habilidad y ahora puedo adivinar los hijos de mi nuera, soñé a mi nieto Alejandro antes que sus padres sospecharan que lo habían engendrado y sé que la criatura que nacerá en primavera será una niña y se llamará Andrea, pero Nicolás y Celia todavía no me creen y están planeando un ecosonograma y haciendo listas de nombres. En el primer sueño tenías dos años y te llamabas Paula, eras una chiquilla delgada, de pelo oscuro, grandes ojos negros y una mirada lánguida, como la de los mártires en los vitrales medievales de algunas iglesias. Vestías un abrigo y un sombrero a cuadros, parecidos al clásico atuendo de Sherlock Holmes. En los meses siguientes engordé tanto, que una mañana me agaché a ponerme los zapatos y me fui de cabeza con los pies en el aire, la sandía en la barriga había rodado hacia mi garganta desviando el centro de gravedad que nunca más regresó a su posición original porque todavía ando a tropezones en el mundo. Ese tiempo que estuviste dentro de mí fue de felicidad perfecta, no he vuelto a sentirme tan bien acompañada…”

 Brindo por ustedes, salud!!!