Mes: agosto 2014

Robin Williams, su legado

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Robin Williams

Siempre he sostenido que “La Sociedad de los Poetas Muertos”(1989) no es el paradigma de reforma educativa que debemos esperar. Es la historia de uno contra el mundo, la del héroe o “Esperando por Supermán”. Creo en las reformas que son emprendidas por equipos, no por francotiradores, y mucho más en los sistemas escolares donde una golondrina no hace verano.

Dicho, esto, sin embargo, creo que el personaje de John Keating que interpreta el recientemente fallecido Robin Williams no deja de impresionarnos, porque encarna lo que esperamos de un buen maestro: que sea hacer brillar los ojos de sus estudiantes, encenderlos con pasión, con su pasión. Todos recordamos la escena en que Keating se para sobre el pupitre y les invita luego a que se paren, para tener una nueva visión de las cosas, para encontrar su propia voz. Pero creo que no hay escena más conmovedora que aquella en él se agacha entre las sillas, se ubica en el nivel de las miradas y crea un ambiente de complicidad: “Nosotros no leemos y escribimos poesía porque es lindo. Leemos y escribimos poesía porque somos parte de la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, los negocios, la ingeniería tienen nobles propósitos y son necesarios para vivir. Pero la poesía, la belleza, el romance y el amor, eso es lo que nos hace vivir.” Y Keating termina citando a Walt Whitman que compara la vida con una gran obra de teatro, “…y tú puedes contribuir con un verso.” Y le dice: “¿Cuáles serán sus versos?”

Creo que un buen maestro debe ser un buen conversador: contar historias convincentes y ayudar a sus estudiantes a contar sus propias historias y vivirlas.
Por eso varios otros personajes de Williams son tan entrañables, aunque no sean maestros como tales, por ser buenos conversadores: Sean Maguire, el psicólogo de “Good Will Hunting”(1997) que tiene uno de los monólogos de cine más espectaculares, en el que le dice a un joven Will (Matt Damon) la importancia de vivir las cosas por uno mismo y no sólo conocerlas de oídas o por haberlas leído en los libros. O las conversaciones de Mrs. Doubfire en la película del mismo nombre (1993), no sólo con la familia, sino en el show que monta en televisión, en que aconseja a una niña, Katie, sobre sus padres que se han separado.

Una de las conversaciones que me gustan más es aquella de la película “Awakenings” (1990) traducida en español como “Despertares” en la que el Dr. Malcom Sayer (Robin Williams) recibe en la madrugada una llamada de Leonard Lowe (Robert De Niro), el paciente que ha despertado de un largo proceso y sólo quiere hablar de la vida, de lo que nos hace humanos.

Todos tenemos, seguramente, nuestros mejores recuerdos de los personajes de Robin Williams, atados a las películas que nos gustan. Muchos de sus diálogos y frases serán siempre recordados. Porque es como los libros. Son compañeros y presencias de nuestra historia. En ese sentido, no ha muerto y su humor y simpatía nos seguirán acompañando por mucho tiempo más, como una conversación inacabada que se seguirá desplegando en el tiempo.

La geografía de mis libros

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Cada lector lee un libro desde algún lugar y desde algún tiempo. El mismo libro, leído en épocas distintas de nuestra vida, es un libro distinto.
Alonso Cueto. La piel del escritor. p. 85

Como dice Alonso Cueto, los libros nos acompañan, son parte de nuestra vida. Mi esposa dice que a veces veo una película que ya vi previamente sólo con el propósito de revisar una escena que me pareció buena, fascinante, reveladora. Pero esto que me pasa con el cine me pasa más con los libros. Tengo muchos de ellos amarrado a momentos de mi vida, a etapas de mi historia personal. Mi padre tenía en casa una pequeña biblioteca personal que yo comencé a explorar desde antes de los diez años. No he logrado que mis hijos se entusiasmen con la que yo tengo ahora en mi casa; será que tiene que competir fuertemente con las tabletas y otros electrónicos, en donde ellos leen, ven videos y escuchan música pero no es igual.
ConversacionMe gustaban en primer lugar, los libros de historia. Mi abuelo tenía un libro de viajes del año 1936 y yo viví un tiempo fascinado con los mapas de un mundo que ya no existía, con fronteras y países que eran otros. Muchos de mis juegos infantiles se los debo a ese libro y a las enciclopedias de las cuales copiaba los mapas e inventaba mundos y países nuevos.

En la biblioteca de mi padre leí, durante vacaciones de colegio, las obras señeras de Mario Vargas Llosa. Quedé fascinado por “La tía Julia y el escribidor” y “Conversación en la catedral”, pues a pesar de mis cortos años, me di cuenta que eran obras extraordinarias. Ya desde entonces comencé a entender que el Perú era más grande y complejo de lo que sospechaba.

Tomada de http://www.diarionoticias.pe
Tomada de http://www.diarionoticias.pe

1984En esos años, igualmente, tengo los recuerdos de la Biblioteca Municipal de Arequipa, de la calle Álvarez Thomas. En sus salas antiguas, en una época donde conseguir algunos libre era difícil, leí “1984” de George Orwell, antes que llegara la fecha apocalíptica, yendo día a día a la biblioteca y fascinado por la antiutopía que se parecía aún a uno de los escenarios de un mundo en que todavía estaba vigente la guerra fría.

colera

Viviendo ya en Lima, a fines de los 80, leí la que probablemente es una de mis obras preferidas: “El amor en los tiempos del cólera” Creo que nadie ha descrito de manera tan lúcida y sabrosa los avatares de una pareja a través de los años, pero también la fuerza del amor no correspondido.

GironellaEn Santiago de Chile leí la trilogía de novelas sobre la Guerra Civil Española, de José María Gironella, comenzando por “Los cipreses creen en Dios”, “Un millón de muertos” y finalmente, “Ha estallado la paz”. Sobre todo en la primera, me conmovió cómo la ideología convirtió a vecinos y amigos en combatientes y enemigos. Era tal vez, además, el contexto del Chile al que llegué: el último año del gobierno de Pinochet y el inicio de la vuelta a democracia con Patricio Aylwin. Con esto, y con lo que viví esos años allí, creí que un futuro era posible para el Perú, en esos años aún desgarrado por la violencia y el terror de Sendero.

En fin, esta es una lista incompleta que seguiré tejiendo. Pero, ustedes también pueden releer las etapas de su vida con los libros que, como amigos o amantes, los acompañaron en días luminosos, en noches febriles, en tiempos duros o esperanzadores.