Su sangre derramada no fue en vano

Posted on Actualizado enn

Hace 20 años estudiaba filosofía en Chile y era todavía jesuita y , y nos enteramos con estupor que Ignacio Ellacuría, cinco otros jesuitas y dos empleadas, habían sido salvajemente asesinados, sacados de sus cuartos y acribillados en la Universidad Centroamericana de El Salvador.

Este 16 de noviembre pasado se cumplieron 20 años, ya no soy jesuita, pero me sigue extremeciendo el recordarlos. Como tantos otros mártires desconocidos en América Latina, como Rutilio Grande y Monseñor Oscar Romero, estos jesuitas son de los que se quedaron, los que eligieron acompañar al pueblo y a las comunidades en medio de la violencia. Insistieron en hablar claro, en hacer de la justicia un modo de vida, y a pesar de sus propias limitaciones personales, estar allí, como semilla fecunda para otros tiempos…

Algunos testimonios: “El silencio de los testigos” de Juan José Tamayo y las palabras del jesuita Jon Sobrino.

Anuncios