Padre y afortunado

Posted on Actualizado enn

“Mi padre solía hacerme reír. Desde niña tengo recuerdos de mi padre jugando a provocar mi risa. Él que en el fondo era quizás un hombre triste, si dueño de tristezas es quien sabe que no hay alegría imposible, quien ironiza con el mundo todo, empezando por su propia figura y sus magras finanzas.” (Ángeles Mastretta, escritora y periodista mexicana)

Quisiera comentar este texto de Ángeles Mastretta que una de las mejores cosas sobre paternidad que he leído en las últimas semanas. Es un homenaje tierno y generoso a su padre, una persona que murió joven pero que dejó huella en su vida.

1966.AntabambaLeyendo esto, pensaba en mi propia historia. Mi papá murió hace más de cinco años, cuando acababa de comenzar un nuevo trabajo. Tuve que hacer las maletas y volar a Arequipa para acompañar a mi madre y pasar todo este trance del entierro, la despedida. Con el tiempo, he ido entendiendo mejor sus afanes. Tal vez el rol de madre está más claramente definido, pero en este mundo cambiante ser padre es un libreto todavía en construcción, en que no se trata ya de ser el único proveedor de la familia (asunto que es cada vez más compartido con las mujeres y que, en muchos casos, es asumido completamente por ellas), sino encontrar la propia manera de comunicarse con los hijos, acompañarlos en su proceso de desarrollo, en sus decisiones. El asunto no es fácil: antes la autoridad paterna (sobre todo la paterna) era incuestionable. Si no, estaba la correa o incluso el palo para confirmarla. Hoy, nosotros como padres (al igual que las mamás) debemos persuadir, negociar, y buscar ese complicado equilibrio entre disciplina y confianza que los hijos necesitan para crecer seguros y autónomos.

En medio de las incertidumbres a veces tiendo a aferrarme a algunas certezas que me dio mi propio padre. La forma como me transmitió el gusto por la lectura y la música es el mismo que intento seguir con mis hijos, aunque no siempre con el mismo éxito. Mi padre solía usar refranes para ejemplificar algunas de sus ideas y convicciones. Decía, por ejemplo, “Manda el sabio a la embajada y no le digas nada”, en referencia a que debía ser capaz de pensar por mí mismo, usar mi inteligencia y tomar mis propias decisiones, en vez de esperar que alguien me diera todas las instrucciones. Esa es otra de las cosas que espero poder inculcar a los chicos… Darles la seguridad a mis hijos de que siempre podrán confiar en mí es otra de mis metas. Por ahora no tienen duda, por que son aún chicos, pero sé lo que viene cuando se hagan más adolescentes y jóvenes. En fin, el reto es grande y no siempre es fácil: a veces también me desespero, me canso, o termino renegando cuando dejan todo desordenado, cuando se ponen engreídos para comer o cuando prefieren correr a la tele en vez de quedarse conversando en la mesa. Cada uno necesita su padre de manera distinta y es un arte de equilibrio responder a estas demandas, muchas veces simultáneas. Pero nadie dijo que esta tarea fuera a ser fácil, y yo la sigo considerando como la más delicada, vital y urgente tarea que la vida me ha confiado.

Decían que para pasar a la posteridad había que hacer tres cosas: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. He plantado un par de árboles en mi vida y hay uno (enfrente de mi casa) que sigo pacientemente defendiendo para que los autos, los perros y los niños terminen de dejarlo crecer. Un libro, me falta, aunque podría decir que he escrito varias cosas y ahora último, este blog que podría contar para este requisito. Y sobre el hijo tengo no sólo uno sino tres, cada uno con sus genialidades. Para sentirse afortunado ¿no?

Anuncios