“Ahora creo que nada ni nadie me puede desalentar”

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(c) Tomado de El Comercio
(c) Tomado de El Comercio

El diario Perú 21 y el diario El Comercio reportan sobre este caso inspirador: Vilma Palma, una mujer de 39 años con discapacidad motora en el lado derecho y dificultad para hablar ganó la demanda que hizo a un Instituto Superior Tecnológico donde fue discriminada. Ella terminó sus estudios pero cuando consiguió ser asistente de prácticas en el laboratorio en la rama de ciencias alimentarias, un grupo de profesores la rechazó. “Ellos argumentaban que yo no podía estar en el puesto porque era discapacitada. Incluso dijeron que suspenderían las prácticas hasta que se nombrara una persona adecuada.”

Además de ello, Vilma Palma tuvo que enfrentar actitudes paternalistas o condescendientes, que son también una forma velada de discriminación. “Ellos han sido muy crueles y cínicos: uno aducía que sólo me querían proteger.” Otra de las cosas que ellas denuncia es el rechazo y la crueldad: “Me hacían sentar en un rincón y no me encargaban nada. Ni siquiera me hablaban.” No es posible tolerar este tipo de actitudes, sobre todo en instituciones educativas. ¿Qué tipo de formación se puede dar si no se respeta a las personas? ¿Qué sentido tiene enseñar estas cosas si no se reconoce la diversidad y no se ofrecen las mismas oportunidades a todos?

La Corte Superior de Lima Norte dictaminó una pena de tres años de cárcel para los cuatro profesores, un año de inhabilitación profesional y diez mil soles de reparación civil. Probablemente sólo compensa en parte lo que esta mujer ha sufrido, pero abre camino para no tolerar la discriminación de ninguna manera y mostrar que hay consecuencias por ello

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