Reflexiones urbanísticas

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Cada uno tiene una manera de aproximarse al espacio y buscar la satisfacción en la vida.  Leía la entrevista a Eduardo Lora en El Comercio del domingo pasado, en que hablaba del “crecimiento infeliz” que ha experimentado nuestro país en el que, son justamente los sectores más dinámicos y “exitosos” los que se sienten menos satisfechos con lo que hacen o tienen. Al final decía que los limeños valoran más que sus viviendas estén en lugares seguros, con calles en buen estado y cerca de áreas verdes a diferencia de Medellín donde se valora más la cercanía a calles principales o lugares culturales.

La estrategia del caracolObviamente, en la medida en que uno puede decidir donde vivir (algunos no tienen esa opción), uno busca aquello que esté conforme con sus gustos y sus opciones. Yo busqué mi casa en un lugar cercano al colegio de mis hijos (recordando la tortura de mi infancia de tener que levantarme al alba); sabía más o menos donde quería vivir pero sabía mejor donde NO quería vivir. No me gustaban (ni me gustan) las urbanizaciones ni las calles enrejadas (por un sentido de derechos, de libre tránsito), las avenidas con tráfico ni las calles sin vereda que se ve en algunas zonas donde suponen que todos se trasladan en auto (excepto las empleadas cama adentro y los jardineros). No hay parque en frente pero me conseguí mi arbolito para verlo crecer a la par que mi hijo. Me alegra que esté cerca de un mercado porque los mercados de Lima son una maravilla y no me afecta para nada que no esté cerca de un Wong, un Metro o un Plaza Vea… No tengo vista al mar, pero tampoco la humedad y neblina tan terrible del invierno…

Finalmente, he venido a entender que una casa no se encuentra, sino que se hace, se construye con las cosas cotidianas de cada día, con lo que uno le va poniendo, haciendo, rehaciendo. A veces me quejo porque mis hijos son desordenados pero ¿qué sería esta casa sin su presencia, sin sus juguetes, sus pinturas, sus garabatos en la pared? Dejamos nuestras huellas en el espacio de la misma manera que en el tiempo. Sin ello ¿cómo sabrían que hemos existido?

Recordaba esa canción de Mercedes Sosa, “Barco Quieto” con letra de María Walsh.

“No te vayas, quédate
que ya estamos
de vuelta de todo
y esta casa es nuestro
modo de ser.
Tantas charlas, tanta vida,
tantas noches con olor a comida
con una eternidad familiar
en un solo día no puede cambiar
y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

Estos muros, estas puertas
no son de mentiras,
son el alma nuestra.
Barco quieto, morada interior
que vivimos lo hicimos
igual que el amor…”

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