Sobre muros y bárbaros

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(c) Tomado de http://livingviajes.com
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Ayer escuchaba la noticia en Canal N que expertos y geólogos chinos habían concluido nuevas mediciones usando GPS y habían demostrado que la Gran Muralla China no medía 4,500 kilómetros sino cerca de 6,000. El documental mostraba entrevistas de algunso señalando que esto era un gran descubrimiento y demostraba que la cultura china ancestral era más gloriosa o importante de lo que se había creído. Me quedé pensando y me decía: ¿cómo se puede glorificar un muro que es capaz de dividir a los pueblos? Como en casos más contemporáneos (la linea Maginot, el tristemente célebre muro de Berlín, el muro que se construye ahora entre Israel y Palestina, el muro entre EE.UU. y México), estos muros o murallas nunca han cumplido su cometido. El espíritu y la genialidad humana han sido capaces de traspasarlos y en algún momento, derribarlos…

Son más terribles los muros que llevamos dentro, aquellos del prejuicio y la discriminación, esos muros invisibles que, como los otros, nos hacen considerar a los otros bárbaros, gentiles, “aliens” y nos proporcionan cierta seguridad entre los “nosotros”, la “gente como uno”, mis “iguales”. Por eso me resisto tanto a las tranqueras, a las calles cerradas, a los condominios privados, a las playas exclusivas. Tarde o temprano terminan por protegernos no sólo de los “otros”, los “extraños”, sino de nuestra propia capacidad de apertura, tolerancia, aprecio de lo diverso.

Por eso, no me alegro que la Muralla China sea más larga, ni porque los pueblos hoy sigan creyendo que los muros son capaces de librarnos de los enemigos, de los vecinos molestosos, de los que son diferentes. Dios nos libre de más muros y que sean destruidos antes que se conviertan en maravillas del mundo antiguo allá por el siglo XXX!!!

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