Mirar lejos, sentir la maravilla

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(c) Tomado de Flickr: Doisemum
(c) Tomado de Flickr: Doisemum

Hay días en que parece que no pasa nada… Levantarse temprano, peleando con el sueño y la modorra y dejar que el piloto automático realice las rutinas cotidianas que nos sostienen: preparar el desayuno, apurar a los chicos para que no lleguen tarde al colegio, cepillarse los dientes, tomar las llaves… Y el trabajo es otro tanto, con sus repeticiones, sus incoherencias, sus burocracias, sus informes y sus papeles. Por eso, se requiere un poco de lucidez para mirar más allá de lo obvio, separar la paja del trigo, “mirar lejos” como decía Gustavo Gutierrez y poder encontrar el sentido en medio de lo ordinario…

Hoy ha sido uno de esos días y me pongo a pensar cómo ha pasado el día por mí, y cómo la novedad se ha asomado a mi ventana y no le he prestado atención, ocupado como estaba en mis rutinas. No me puedo quejar. Mañana haré caso a la maravilla, al rayito de sol que entra por la ventana, a la historia inverosímil que me cuenta mi hijo, a los rostros llenos de sorpresas que hay a cada vuelta de la esquina, a la fragancia de un perfume exótico y desconocido. Mañana me esforzaré por vivir en serio o, más bien, dejaré que la vida entre a bocanadas en mis pulmones, sin miedo, porque esa es la única vida posible. Y no hay devoluciones ni garantía…

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