Quitapesares

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Angeles Mastretta, que es una de las escritoras que sigo en su blog, Puerto Libre, publicó la semana pasada un texto muy lindo sobre los Quitapesares. “Hay en México unos muñecos tejidos sobre el cuerpo de un alfiler, que se llaman quitapesares. Quienes los tejen y los idearon creen que si al irse a dormir ponen bajo su almohada uno de estos muñecos, durante la noche él se hará cargo de llevarse las penas a otra parte, para dejar en libertad el corazón de quien las padece…” Al final, ella hace uan lista, no de muñecos, sino de hechos, signos y detalles que le permiten seguir adelanet con la certeza de que la vida es buena, es vivible y que vale la pena seguir adelante…

(c) Tomado de http://www.nostalgia80.com
(c) Tomado de http://www.nostalgia80.com

Tal como señala Mastretta, todos tenemos este tipo de amuletos. Tal vez ya no seamos los niños que tienen que tener una mantita para dormir en la noche, o el peluche querido que está tan viejo que la madre quiere tirar o lavar, pero que nos da seguridad, pero como adultos nos inventamos una serie de cosas que nos dan tranquilidad, que nos apaciguan en medio de la turbulencia y el estrés de la vida moderna: a veces son nuestros juguetes electrónicos, o el celular que llevamos a todas partes como un fetiche, el Internet (con el que nos sentimos “conectados” a “todos” y a “todo”), nuestras llaves, algún santito, estampa o crucecita religiosa (recuerdo el escapulario de la Virgen del Carmen que mi madre me colgaba cuando era niño), etc., etc. Todos pueden actuar como quitapesares, en un momento u otro. Pero, al final, los pesares son algo de dentro y sólo dentro se resuelven ellos. Por eso, como Mastretta, sugiero que cada uno piense y tome nota de aquellos elementos interiores que son los que nos devuelven la confianza en los momentos de incertidumbre, que son sobre todo certezas bien enraizadas que son las que nos llevan al optimismo y a la calma. He aquí una lista muy personal de hechos y recuerdos a los que regreso y que me iluminan en los momentos duros:  1) los ojos de mis hijos, mirándome con esa hondura que sólo los niños pueden tener; 2) el sol de mi infancia, que me ilumina en los días grises; 3) las canciones de mi madre, cantando en la cocina  cuando preparaba la comida; 4) los jazmines en la calle, cualquier mañana fría; 5) un abrazo de mi amada, en la noche; 6) el Dios del perdón y la ternura que me enseñaron los jesuitas; 7) un mensaje de Pipo o de alguno de los amigos de antes… En fin, podría seguir… Con esto es suficiente para mí…

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