Veleros

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(c) Tomado de Tripadvisor.com
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Angeles Mastretta escribía esto en una de las últimas entradas de su blog:
“Si yo hubiera sido embarcación me habría gustado ser velero. Deslizarme empujada por el viento. No tener prisa, ni rumbo. No hacer ruido. Si fuéramos como barcos ¿quiénes serían nuestros náufragos? ¿Qué tesoros tiraríamos por la borda? ¿Qué milagro nos mantendría a flote? ¿A dónde iríamos cuando el mar fingiera estar en calma? ¿Cómo sería sobrevivir a la tormenta? ¿En qué mares se perdería nuestra cabeza?”

Interesante pensar nuestra vida como un barco en el océano, tal vez porque el mar es una metáfora de la vida, con sus olas, sus mareas. A veces también creo que la vida me ha ido llevando por mares diversos, por cielos distintos, con épocas de mar en calma, pero también con tormentas y tifones. Lo bueno de la visa, sin embargo, es que siempre ha habido otras embarcaciones cerca. Pero, por la inmensidad, hay algunas que estuvieron cerca (a veces muy cerca) y luego perdí de vista. Esto de despedirse siempre ha sido duro para mí, pero no hay modo, la marea nos arrastra y de pronto algunos otros u otras son sólo puntos en el horizonte y recuerdos en la memoria ¿son ellos nuestro naúfragos de los que habla Mastretta? ¿O son aquellos que se hundieron para siempre, sencilla y calladamente o de forma angustiosa? Arreglando fotos hace poco me doy cuenta que tengo mis muertos, pero da gusto ver que con algunos surcamos varias olas, vivimos una vida, y que ésta debe continuar en algún sitio, en algunas playas lejanas…

En fin, siempre se pueden sacar cosas de la inmensidad del mar. ¿O será reflejo de los mares interiores que tenemos dentro?

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