Yo quiero ser grande

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(c) Quino
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Mi hijo José Manuel está con la obsesión de crecer. Quiere ser grande. Tal vez porque intuye, como Miguelito de Mafalda las ventajas del mundo adulto ignorando aún las desventajas. Quiere así poder tener la libertad (y la plata) para comprarse los juguetes que le gustan, aquellos relacionados con su gran gran pasión a sus cuatro años: el hombre araña.

Recuerdo, de niño, soñando alguna vez con ser ya grande, por parecidos motivos. O cuando alguna vez, echado en mi cama castigado, renegaba contra la autoridad paterna. La edad me ha demostrado que el asunto no es sencillo y la omnipotencia es sólo un mito. Pero en eso le doy la razón a Miguelito: para que cuernos querer ser grande cuando uno ya es grande, cuando ya tenemos interiorizadas las obligaciones, cuando hemos perdido la capacidad del asombro, la curiosidad infantil, la libertad de la irresponsabilidad. Pero en fin, aunque no sueño con volver ser niño otra vez – ni a la inocencia ni a los terrores- espero, como la dedicatoria del Principito de Saint Exupery, que haya siempre una fibra de niño que me permita comprender las cosas verdaderamente importantes.

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