Leer es viajar… a 30 mil pies

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Shefali Bhushan
Tomado de Flickr: Shefali Bhushan

La primera parte del título proviene de un irreverente artículo de Hugo Neira que salió publicado en La República a comienzos de diciembre del año pasado. Comparto con él la afición a leer libros en los viajes en avión, comenzando en las salas de espera de los aeropuertos, en las que a veces hay que estar el doble del tiempo que en el vuelo mismo. Para comenzar hay que evitar enredarse en explicaciones de rigor como “Ladies and gentlemen, welcome on board…”, “las salidas son…”, “en caso de emergencia, máscaras de oxígeno…” (a pesar de que sabemos que si se trata de “esas” emergencias, lo único que nos quedaría es rezar).  Luego, hay que resistir la tentación de la revista de a bordo porque a pesar de algunas páginas que pueden sonar interesantes (una vez encontré una magnífica entrevista al escritor chileno Antonio Skarmeta), el 99% de las veces son contenidos pensando en un público cautivo, con sus hoteles por aquí, y las vacaciones soñadas por allá, visite acá, vaya por allá, apréndase el plano del aeropuerto de acullá, o simplemente trate de descifrar como llenar el formulario IEW-98 para pasar por immigraciones (que los peruanos tenemos que llenar de todas maneras porque incluso para Timboctú necesitamos visa, reforzando nuestra estima nacional). Si todavía no nos hemos distraído, vienen luego los videos a bordo y el ritual del snack, en cajitas, bandejitas, “qué desea para beber”. No sé si todos estos ritos son para hacer “placentero” un viaje (aunque en clase económica esto significa medio metro cuadrado por persona, que no alcanza ni para estirar las piernas sin darse con algo), o para hacernos olvidar que a 30,000 pies de altura siempre hay la duda si llegar al destino no es 100% cierto sino 99% probable.

Por eso, como dice Hugo Neira, prefiero leer, y engancharme en un viaje dentro de otro. En mi vida adulta no he podido hacer lo que hacía algunas veces en mi adolescencia, que era coger un libro y estar con él hasta terminarlo, un día o dos sin parar sino sólo para comer y dormir. Leer es un viaje y, como en uno de mis textos favoritos, “El amor en tiempos del cólera” de García Marquez, uno quisiera a veces que llegando al puerto (o aeropuerto, no importa eso ya), pudiéramos izar la bandera amarilla del cólera, y tomar el rumbo de vuelta para que la historia no acabe nunca…

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2 comentarios sobre “Leer es viajar… a 30 mil pies

    mabe escribió:
    16 enero 2009 en 7:45 pm

    Fer, felicitaciones por el blog!!! y de hecho comparto contigo los pesares de viajera forzada, odio los aviones, los vuelos a la selva me han dejado traumada!!! y sí, como dices, engancharse con un buen libro es el mejor tranquilizante ( o evasor?) allí donde el control sobre nuestra existencia está literalmente en manos de los vientos…

    Fernando escribió:
    17 enero 2009 en 8:58 pm

    Mabe… no odio volar, a pesar de uno u otro susto en el pasado… es más mis alergias a esos protocolos que hacen que las incomodidades propias de estar en una lata a 10,000 metros aumenten, en vez de ayudarnos a sentir mejor… Gracias, yo soy un fan de tu blog!!

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