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Hace un par de semanas fui a ver la película Sección 9 (District 9), del director Neill Blomkampf y producida por Peter Jackson.
Impresionante escenario, intrigante historia. ¿Quiénes son los “aliens” (los extraños o extra-terrestres)? Como siempre, lo diferente se convierte en extraño. Rompe con el estereotipo del extraterrestre poderoso que viene a destruirnos o someternos. Es el “alien” que se convierte en otro marginado, excluido y explotado. Y como a tantos otros, en la historia milenaria de dominación, se convierte en un objeto de las políticas que pretenden ayudarlo, encaminarlo, conducirlo. Los campos de refugiados se convierten en prisiones, el control en represión y la ayuda en destrucción.
El ghetto es el lugar de la tragedia, pero al mismo tiempo de la salvación, el único lugar donde Wikus Van DeMerwe puede encontrar refugio y comprensión para sus transformación.
La historia es cautivante y nos mantiene en alerta los 111 minutos de la película. Ver más aquí.
Este es el título de una extraordinaria película francesa de Julian Schnabel, ganadora de 2 globos de oro y 4 nominaciones al Oscar que el otro día vi en TV sin querer. La historia es alucinante, y ha sabido captar, mediante el recurso de la cámara subjetiva, la tragedia de un hombre encerrado en su cuerpo luego de un derrame cerebral, pero con la mente suficientemente lúcida para seguir pensando, escribiendo, desesperando. Vale la pena ver!!!
Ver el sitio web de esta película donde hay otros comentarios, fotos y material adicional.
Me encantó esta versión de la canción Auld Lang Syne en la película “Sex And The City”. Me puse a averiguar (Wikipedia) y aprendí que se trata de una canción una canción tradicional escocesa escrita por el gran poeta Robert Burns, del siglo XVII, que se escucha sobre todo en las fiestas de Año Nuevo o en las despedidas largas. “Auld Lang Syne” se traduce como “old long since”, es decir, “hace mucho tiempo”, aunque mejor se entedería como “por los viejos tiempos”.
Me acordé cuan significativa fue esta canción cuando era chico. Con la reforma educativa de los 70s, el gobierno de Velasco obligó a los extranjeros que estaban en los colegios a transferir la autoridad a peruanos. La primaria de mi colegio esta dirigida por una monjas norteamericanas. Así que, una mañana de diciembre, cantaron esta canción como despedida. No recuerdo los detalles pero la sensación de despedida inevitable se quedó grabada en mi alma. Para un niño de segundo de primaria era indecifrable por qué sus buenas profesoras tenían que partir.
Desde entonces, y por los diversos caminos que me ha llevado la vida, he tenido que asistir a muchas despedidas. Como decía un antiguo compañero, las personas tenemos pies y siempre podemos volver, si es que queremos. Pero hay algunas despedidas con sabor no de hasta luego, sino de hasta muy, muy luego. Y no sólo hablo de las despedidas irreversibles, las de aquellos que parten para nunca más volver, sino de esas otras con sensación de pérdida irreparable, las de amores rotos, las de viajeros que parten a otros continentes. Pero, en fin, despedirnos es parte de vivir, respiramos con los encuentros y los nacimientos, al igual que con los adioses y las muertes, las grandes y pequeñas. Por ello mismo, no dejemos de brindar y celebrar con todos ellos, nuestros personajes, los presentes y los ausentes, que, de cierto, nos encontraremos todos juntos algún día en la fiesta interminable.
Aquí otras versiones de Auld Lang Syne. Disfrútenlas: Hogmanay, McKellar.
Esta es una de las escenas más bellas de esta película española llamada “La Lengua de las Mariposas”(1999) de José Luis Cuerda. ¿Qué pasa cuando uno se muere? Inevitablemente nos hemos preguntado esto en algún momento de nuestra niñez y son ahora los hijos los que nos hacen la misma pregunta. Si uno cree o no en la vida futura puede ensayar distintas respuestas. Don Gregorio, el maestro en esta película, le dice a Moncho esta frase que resume su filosofía y sus esperanza. “A veces, el infierno somos nosotros mismos” ¿Por qué esperar por la vida futura? Mi madre, siendo muy católica, siempre ha creído que las culpas se pagan aquí, en esta vida y no es necesario esperar a la siguiente. Hay en esto algo de sabiduría ¿no? Esta vida contiene ya la semilla del futuro, la cual podemos intuir pero no podemos imaginar, como la oruga no se sueña como mariposa. En esta vida tenemos atisbos del cielo y también del infierno. Nosotros somos el cielo y el infierno y podemos serlo en mayor o menor medida para otros, en la medida en que escojamos hacerle la vida fácil a los otros o convertirla literalmente en un infierno.

(c) Disney. Pixar
Hoy fui a ver con mis hijos la última película de Disney “Una aventura de altura” (“Up, en inglés). Como siempre una experiencia divertida que, admite, sin embargo, más allá de una lectura. ¿Es tarde para volver a los sueños de la infancia? Carl le hizo una promesa “de corazón” a Ellie, cuando era niño, de llevarla a Sudamérica, a las Cataratas del Paraíso. Luego crecen, se casan y – como en muchos casos – los problemas, y las exigencias cotidianas hacen que los sueños y las promesas tengan que postponerse. Finalmente, muerta Ellis, Carl decide partir y luego de una serie de aventuras vuelve a encontrarse con el album que Ellis guardaba sobre el viaje soñado para darse cuenta que, en la páginas en que ella reservaba para las aventuras que iban a tener juntos en aquellas tierras soñadas de Sudamérica ella había colocado fotos de su vida cotidiana a lo largo de los años. Amarte y compartir la vida fue suficiente. ¿No es vivir la vida juntos una aventura en sí? No llegamos a conocer nunca a una persona, siempre puede sorprendernos. “La vida, esa paradoja” decía Benedetti… No sabemos que nos depara, qué sueños tienen que ser reelaborados. Pero sólo tenemos una vida, y necesitamos volver a nuestras esperanzas primordiales, si no, ¿cómo sobrellevar la congoja, la cotidianidad? Esta película, entre toda la parafernalia propia para chicos, muestra eso como una gran verdad…

(c) Disney Nature
El domingo fuimos a ver la película Earth de Disney Nature con toda la familia. Todos quedamos fascinados por la belleza de la fotografía, los paisajes, la música de fondo, las historias. Sin embargo, mi hija quedó conmovida por las escenas del lobo blanco cazando a los caribús así como la de leones atacando a un elefante indefenso en medio de África. Mi hijo decía: “No me gustó la película porque los animales se comen a otros.” Me preguntaba si no era que la televisión, los dibujos animados, los cuentos de niños no les han vendido una visión idílica del mundo animal, de osos panda comiendo su bambú y delfines surcando los mares como Flipper. Sin embargo, nacer y morir es parte de la vida, así como crecer, reproducirse, sobrevivir… Hacía el esfuerzo para explicarles que el equilibrio natural depende de que haya presas y predadores, y que las leyes naturales permiten que sobrevivan los más fuertes y que sin esos mecanismos habría superpoblación de algunas especies y un quiebre en el equilibrio general… Sin resultados!!!
Es magnífico, por tanto, que Disney nos ayude a poner un poco más de realismo en el mundo animal para que mis hijos dejen de creer que todo es como “Magadascar” y c0mprendan un poco mejor lo terrible y maravilloso de este planeta azul en que vivimos…

(c) Tomado de http://www.incontention.com
La otra noche ví “Revolutionary Road”, la película de Sam Mendes (director de “American Beauty”) con Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en el rol estelar de la pareja Frank y April Wheleer. Una película extraordinaria tanto como estremecedora en el tema que propone. Nos plantea el asunto de esos “turninig points” (encrucijadas) es las que tenemos que decidir qué hacer con nuestra vida: seguir en la misma rutina o emprender un cambio radical. Lo complicado de esto es cuando tales decisiones afectan a los que queremos, a nuestra pareja, a nuestros hijos… No es fácil, y se requiere tanto coraje para quedarnos como para irnos. Presenta, asimismo, el tema de los sueños y los proyectos personales y de pareja. Nos acomodamos, “sentamos cabeza”. ¿Cómo ser fieles a nuestros sueños primigenios? ¿Tenemos que dejarlos atrás o recrearlos? ¿Qué hubiera pasado si hubiésemos ido por tal camino y no por el otro?
Y en todo esto, el personaje John Givings (Michael Shannon), el hijo depresivo y transtornado de unos amigos de los Wheleer, el único con la lucidez para decir lo que estaba pasando.
No es una película para pasar un buen rato. Pero es muy elocuente para juzgar las relaciones interpersonales, las decisiones vitales y la manera de lidiar con lo oscuro y complejo de la vida humana.
Mi amiga Mabe ha publicado un post extraordinario en su blog, Lo que me sale del forro, a propósito del triunfo de la boxeadora peruana Kina Malpartida y el reciente premio a la película “La teta asustada” de Claudia Llosa. Mabe dice: “Me gustaría saber si las mujeres de la teta asustada, y las hijas de las mujeres de la teta asustada ven el triunfo de Claudia Llosa como el triunfo de una mujer peruana. Si se sienten representadas. Si las mujeres víctimas de la violencia en todas sus formas, sexual, psicológica, urbana (baste con viajar en micro para saber a qué me refiero), en fin, de todas las violencias habidas y por haber, si esas mujeres desearían enfundarse en los guantes de la Malpartida para arremeter a puñetazos contra el mundo y superar sus frustraciones… “
Mabe aborda un tema complejo, que está en las raíz de todas nuestras contradicciones como país, aquellas que quisiéramos enterrar y que no salgan, mucho más luego de estos años de triunfalismos, de crecimiento de la economía a 9%, de malls sembrándose por todas partes, de este discurso del crecimiento… Son más de cinco años que se presentó el Informe de la Comisión de la Verdad y estoy seguro que son pocos los que han leído, siquiera un resumen o las conclusiones, o el capítulo terrible sobre la violencia contra las mujeres. Mucho menos, interiorizado que lo terrible que pasó no fue gratuito, sino que refleja esas fracturas insondables de nuestra patria, aquellas que condicionaron la violencia terrible de esos años, pero que generan también lo que sigue sucediendo hoy a pesar de este barniz de eficiencia y modernidad con que nos hemos querido bañar en estos años: no sólo es la inequidad terrible que hace, por ejemplo que algunos reciban una educación de primera y otros no tengan sus maestros sino hasta la mitad de mayo por causa de ineficiencias burocráticas. Es esa manera de mirarnos, de desconfiar unos de otros, de escondernos entre muros, de levantar rejas y sembrar rompemuelles…
Hay que alegrarnos por Cecilia Llosa y por los triunfos de tantos peruanos y sobre todo peruanas en tiempos recientes (Sofía Mulanovich, las chicas del voley, entre otras). Pero alegrarnos por tantas y tantos peruanos que han seguido caminando y construyendo (re-construyendo) sus vidas a pesar de las ausencias y las cicatrices visibles e invisibles.
Me hizo recordar el poema que escribió mi amigo Pipo (Jorge Calle) sobre el tema de los desaparecidos allá por los años 80, y que me sigue resonando hoy:
¿ Quién ha pensado que nos duele tanto
este descoyuntamiento
para quedarnos marchitos, sin canción ni poesía ?
¡ Qué lo sepa ! … que se entere:
nos destrozan y gemimos en camino.
Mientras nos guarde, cabizbajo, el sacramentado hermano
y se dibujen suspiros en los árboles
y se recojan atrevidos capullos maternales
y se pronuncie el rostro del forzado ausente,
no estaremos muertos, sino celebrando serena pascua.
Este fin de semana fui con mis hijos a ver la película “Coraline” de Henry Selick. Como en otras ocasiones las películas infantiles, pueden estar llenas de lugares comunes, divertidas para los niños pero aburridas para los adultos. En este caso, sin embargo, y como me ha ocurrido varias veces, hay películas infantiles que revelan más cosas de los que uno pudiera esperar, dignas de poder ser analizadas, remiradas, repensadas.
En este caso, una niña de padres ocupados y displicentes, metidos cada uno en su laptop, vaga por la casa y encuentra una puerta que en las noches la lleva a otra dimensión. En ella, otros padres, que son todo lo opuesto, amorosos, le preparan comida de verdad, le prestan atención, le abren la puerta hacia un jardín maravilloso y la hacen sentir realmente importante. La diferencia: todos los personajes en este mundo paralelo, en vez de ojos, tienen un par de botones cosidos en la cara… Pero, como en esta vida, no puede ser verdad tanta belleza, pronto se devela el misterio. La “otra madre” resulta ser una bruja que quiere atrapar a Coraline, como hizo antes con otros niños, en este mundo de fantasía, que resulta siendo todo falso…
¿Fantasía o realidad? ¿No este es el tema recurrente de la filosofía? La vida nos enseña a sospechar de lo perfecto, de lo absolutamente transparente, hermoso, delicioso. Sencillamente, lo humano es la imperfección, la contradicción. Nuestros padres nunca fueron perfectos, aunque hayan tenido genialidades. Nosotros no somos padres perfectos, a pesar de nuestros esfuerzos. No existe el paraíso en la tierra, siempre estamos buscando algo más allá. Pronto se devela que el paraíso esconde tormentas y huracanes, nada bello dura para siempre. Por eso, la lección para Coraline, como también para nosotros, es que recordemos siempre lo precario de todo lo humano: no hay relación perfecta, amor romántico, paternidad sin complicaciones, trabajo ideal, amigos para siempre, ni isla de la fantasía. La felicidad existe, pero son oasis en medio de desiertos de mediocridad o nimiedad. Si no fuera así, ¿cómo saber que somos felices? Estamos aprendiendo siempre a vivir, aceptando las limitaciones y las falencias de nuestras decisiones, de nuestros caminos. Pero en medio de ello siempre hay flores de estación, momentos de lucidez, atardeceres luminosos, canciones en la niebla. Hay que acptarlo, y aunque tenemos ojos y no botones, a veces ello no es suficiente y seguimos persiguiendo lo imposible…
Mucho para una niña de nueve y otra de siete, ¿no? Pero ya aprenderán alguna de estas lecciones, a su tiempo y a su manera, siguiendo su propio camino….
Después de muchas semanas fui al cine, a ver el “Extraño Caso de Benjamin Button” de David Fincher, con Brad Pitt y Cate Blanchett. Me gustó la película, más allá de lo que los críticos puedan decir. Una buena dosis de comedia y humor, amor y pasión entrañable, reflexión sobre la vida y la muerte. Este tipo de películas me dejan siempre un dulce sabor de boca. Más allá de lo extraordinario de la historia, de lo fantástico y extraordinario, hay algunas escenas y frases estupendas, que recomiendo considerar:
- “Algunas veces estamos en curso de colisión… y no lo sabemos” La película presenta una visión retrospectiva del accidente de Daysi, y la multitud de los detalles que hacen que algo nos pase en la vida, bueno o malo, y que, mirado desde la distancia, nos cambia la vida para siempre…
- “Nuestras vidas están definidas por oportunidades, incluso aquellas que perdemos…”
- (la señora Maple) “Es necesario que perdamos a las personas que amamos. Si no ¿cómo sabríamos cuan importantes son ellas para nosotros?”
!!A verla!!






